Vistas de página en total

jueves, 10 de mayo de 2018

A CALZÓN QUITADO. DÍA DEL PERIODISTA



A sabiendas de que el 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandara a ejecutar al periodista Cirilo Barragán por criticar, desde sus páginas, a su “régimen”. O que tras este hecho el 10 de mayo de 1938, Germán Busch decretara el “Día del Periodista”. El hecho en concreto estableció el primer paso para el reconocimiento de esta actividad como una profesión, además de validar el derecho a la jubilación dentro aquel contexto histórico. Se consideró además que el ejercicio periodístico es un impulso a la cultura del “progreso colectivo”.

Tras este preámbulo, el contexto actual tiene sus propios matices, sus pequeños logros junto a sus grandes desventuras. De aquello ahondaré un poco, tratando de hacer una crítica al sistema que rige y define al ejercicio periodístico, sin que esto signifique menospreciar el oficio.

Objetividad y Subjetividad. La influencia del Poder.


En la universidad, muchos de nosotros aprendimos la diferencia entre estos dos conceptos, muchos en virtud de lo “correcto” asumimos la objetividad como parte de nuestra ética y nuestra praxis en el ejercicio de la profesión. Al salir de la universidad y habernos encontrado con la realidad pudimos darnos cuenta (muchos) de que la “objetividad” no existe, no porque no pueda o deba de existir, sino porque el entorno laboral te demuestra que vale más una publicidad que costee tu salario (dicen) o los ingresos del medio (porque supuestamente hay muchas cosas que pagar), que lo que se busca es una consciencia adormecida e  instrumento de obediencia, y no alguien que pueda ejercer su profesión con los valores éticos y de responsabilidad (personal) que se supone deberían de aportar al “progreso colectivo”. El límite de esta ética está definida por la ideología del medio, quién muchas veces, no es ética con ella misma. ¿En qué te basas para afirmar este argumento?, preguntarán algunos. Me baso en la experiencia personal de cada periodista que eh conocido y conozco.

Es obvio que no se puede tapar el sol con un dedo, por eso prefiero ser honesto. Hasta esta parte no hay secretos, pero las particularidades de este fenómeno siguen invisibles porque el sistema sostiene esta lógica instrumentalizadora del periodismo. ¿Por qué el periodismo (o mejor dicho los periodistas y la sociedad en su conjunto) siguen cómodos sin el cuestionamiento de este sistema de poder tan naturalizado? La pregunta la dejo para quiénes se dieron el tiempo de leer este texto.

En este sentido, y tratando de describir el cotidiano de muchos periodistas, el direccionamiento de la información y la negación de las subjetividades (con una intencionalidad de parte del medio o de alguien) nos dice que la mejor ilustración es la siguiente; Si no son los jefes de prensa, son los editores, si no son los empresarios son los accionistas del medio, y si finalmente no es ninguno de estos, llegará la hora de que un amigo, un familiar o alguien con “poder”, definan la agenda noticiosa, o lo que no debe ser sujeto de ser noticiable.

Hay “noticias” que son rentables, unas más que otras, y la moda actual presupone que es más importante la “primicia” que la calidad informativa. Se instalan verdades a medias, y falacias informativas que luego son desmentidas, pero sin que nadie se retracte (como medio) públicamente. Bueno, de este tipo existen muchas otras observaciones, pero no ahondaré en estos hechos.

Por si acaso no TODOS los que asumen estos roles son corruptibles, lo aclaro por si alguien cuestiona mi posición, pero díganme, ¿Quién no se ha topado con esta realidad en su vida laboral en algún momento de su ejercicio laboral?

Desprofesionalización del periodismo


Vemos el creciente número de profesionales y egresados que se dedican y que quieren ejercer a la labor periodística. Un mercado saturado de potenciales soldados del manejo informativo donde los medios y espacios para ejercerlo son pocos o son espacios para quién mejor ejercite sus relaciones de poder para obtenerlo. Y no es que los “mejores” periodistas estén en medios de mayor “prestigio”, sino son excepciones los que han logrado alcanzarlo por sus propios méritos. El resto, ustedes lo pueden corroborar, deberá seguir deambulando por medios “pequeños” o alternar otro tipo de formato en otro medio de comunicación. Esto supone que existen excelentes periodistas, invisibilizados y mal remunerados en medios des-conocidos por la categoría oficial.

Mientras tanto, la mayoría de los medios de comunicación seguirá buscando personal “barato” y dará igual si estos estudiaron la profesión o simplemente saben agarrar una cámara, editar un vídeo o un audio, sostener un micrófono, o aparecer en la pantalla.

Está por demás decir que la desprofesionalización del periodismo, así como el de la comunicación ha llegado hace mucho a posicionarse como una moda evidente, donde el abogado, el ingeniero, la modelo, el pariente o el amigo del dueño del medio, se apodera de un curul que no le corresponde.

Se critica a las instancias estatales de asignar roles laborales a personas que no tienen la competencia y sin embargo los medios que suelen denunciarlos tienen como parte de su equipo de prensa a alguien que no estudió para el cargo o el oficio. Claro, no es una regla, pero vuelvo a preguntar, ¿Quién no ha conocido a alguien que no tiene la formación profesional y está asumiendo el cargo solo porque tiene ciertas habilidades técnicas, de elocución o ninguna? Pregunto, ¿Qué tal si extrapolamos la frase “zapatero a tus zapatos” en las empresas de comunicación, y no solo la exigimos en otras instancias de servicio profesional?

Valga también aclarar que no estoy tratando de decir que todos los empíricos hacen mal su trabajo (hay gente muy profesional entre ellos, pero son contados), sino que con esta permisibilidad solo se sostiene la desprofesionalización de esta labor, que requiere un background epistemológico como parte de la formación dentro de las ciencias sociales. No se trata de un hobby, una actividad de recreación o de una práctica turística.

Lamentablemente para muchos, sigue siendo una actividad intuitiva en el que te logras ahorrar 5 años de estudio con unos “cursos” (como alguna vez escuché justificar el hecho de colocar a una abogada de periodista, pero claro, la supuesta periodista tenía muchas “cualidades” que mostrar en la pantalla, y tal justificativo era suficiente para la empresa de comunicación), la mediocridad sin duda es muy grande.

Por otra parte, esta desprofesionalización solo promueve que el periodismo se convierta sutilmente en una actividad empírica y no profesionalizada. Obvio, al ver el mercado de interesados por un espacio laboral, muchos se prestan a “venderse” por unos cuantos pesos y ser sometidos a trabajos extras y sin horarios definidos.

Vuelvo a recalcar, no es que el periodismo tenga horarios definidos, por supuesto que no, lo que trato de decir es que la remuneración ni si quiera es acorde a las 8 horas laborales, y peor, las horas extras (te dicen) es parte del trabajo, por lo que aspirar una mejor remuneración es de “locos”. Claro, como existe tanto personal a disposición en las calles esperando a ganarse unas migajas del pan, si alguien viene con su “locura” de ser correctamente remunerado, es fácil de ser suplantado.

Conozco a muchos colegas y amigos que ejercen este oficio tan sacrificado y se les paga en muchos casos menos del salario mínimo nacional. Muchos han llegado a la frustración al ver que invirtieron años de estudio y de dinero para que se les pague una miseria gracias a esta lógica de permisibilidad de los medios de comunicación, en la selección de su personal. El que es periodista sabe que hay gente que tiene “muñeca” (bueno o mal profesional) la cosa es que tiene muñeca y consigue fácilmente una posición, que con los méritos (en la gran mayoría de los casos), no son suficientes para alcanzarlo.

Los medios, bajo esta lógica, no quieren profesionales pensantes, quieren piezas y herramientas que cumplan con objetivos concretos, lo que significa que el periodista tiene límites con su objetividad, y por tanto la deontología es una utopía paradigmática de la que se vive cuando se puede. Te dicen, “Acá el que define no eres tú, el que define soy yo”, lo que implícitamente significa, “Si quieres seguir trabajando haces lo que te diga”. Otras veces se dice, “tienes que modificar esto”, por razones que a veces no comprendes, y no suelen ser cuestiones de forma, sino de fondo. Te dirán, “pero tú no estás para cuestionar, sino para obedecer”, aunque sea antiético hacerlo, y como no estás en situación como para perder el trabajo, pues solo te queda obedecer. Tu rol no es cuestionar el sistema, tu rol es re-producir la obediencia sistemática. Obviamente esto no siempre pasa, pero sucede. Consulto, ¿Quién no se ha topado con este tipo de argumentos que limitan la ética periodística?


Darwinismo social en el periodismo


Esta es la parte jocosa de esta crítica al sistema actual que rige el ejercicio periodístico.

Quién ha iniciado de cero su vida profesional dentro el periodismo reconocerá esta descripción. El periodista que ingresa como practicante o que tuvo la oportunidad de empezar a ser remunerado por su trabajo en un medio “pequeño”, habrá notado que existen algunas roscas de periodistas en una especie de sector elitista, que transmite su complejo de “superioridad” al ingresar (ilustrando un poco), como si se tratara del ingreso (con patada voladora) de los “Héroes de Marvel”, quienes vienen a salvar el mundo como los privilegiados, selectos e iluminados para realizar las preguntas “clave” que definirán luego la agenda setting en todo los medios de comunicación. Ojo, es sarcasmo.

Algunas veces los periodistas de “élite” (con consciencia o sin ella) caminan de manera prepotente frente a sus subalternos a quiénes se les expresa su fijación fálica de poder al manipular un micrófono o cualquier representación  del medio “poderoso” de comunicación al que representan. Un interesante fenómeno cultural que habría que investigar.

Lo propio sucede con un simpático fenómeno que a veces me ha causado risa. Practicantes de medios de comunicación “grandes”, que tras un mes de prácticas, se les traspasa la fijación fálica del micrófono, tan solo por funcionar como pedestales para los periodistas “oficiales” de dichos medios a los que siguen como cachorros de compañía.

Otro ejemplo curioso se manifiesta, cuando en reiteradas ocasiones observé periodistas de Redes nacionales apersonarse a realizar la entrevista. Tras la pregunta formulada al entrevistado y mientras este responde, la mayoría mujeres, se ponen a masticar el chicle como si se tratara (sin exagerar) de la rumia de los equinos mientras su atención está por otros lados menos en el entrevistado. Tal conducta, lo eh observado, es replicada por las practicantes del mismo medio. La rumia se vuelve a reproducir, como una manifestación simbólica de expresividad del poder fálico re-presentado en el micrófono. No sé si es una moda o qué es lo que sucede, pero lo cierto es que ese comportamiento “elitista” de “te hablo y te miro, si eres de un medio grande y si no, no”.

Finalmente, esta subalternización llega hacia los propios periodistas de partes de instancias públicas o privadas. Si círculos de poder político o privado buscan “cobertura” de una noticia, esta puede ser persuadida a través de un festival de salteñas, o de cualquier suculento entremés que sacie el estómago del sacrificado periodista. Claro, vale una salteña, un relleno o un refrigerio, la simpatía del periodista. Este suele ser el valor que se le asigna al trabajo periodístico, mientras el discurso de las políticas públicas a favor de los periodistas y la mejora de sus condiciones de vida, sigue siendo un mito que se saluda cada 10 de mayo.

En fin, mis felicitaciones a todos los periodistas que hoy en día siguen siendo objeto de agresiones de parte de sectores políticos y sociales insatisfechos, quiénes descargan su frustración en los que ya de por sí son mal pagados en su vida laboral. Y pagados, hago referencia no solo a la remuneración económica, sino al trato personal, pues, se trata del sacrificio de no estar con la familia a cambio de ganarse unos cuantos pesos, por lo menos para seguir subsistiendo. Mis felicidades a quiénes, a pesar de los mal tratos dentro y fuera del medio, siguen apasionados por el ejercicio periodístico.



jueves, 12 de octubre de 2017

12 de Octubre de 1492. Postcolonialidad y la Doble negación


Independientemente de quién lo diga, si el presidente del Estado Plurinacional o un vecino del barrio, efectivamente esta fecha no debería (como lo hizo el presidente norteamericano, Donald Trump en días pasados) HOMENAJEAR la barbarie cometida por los europeos en tierras colonizadas. No hacerlo sería una anomalía mental por ignorancia. Es verdad que no podemos negar nuestro pasado sincrético y la influencia de los valores occidentales en nuestra cultura. Pero negar este pasado no tiene nada que ver con asumir el paradigma DESCOLONIZAR (el discurso político es una aberración de ella). Es importante entender de que si bien no debería de existir homenaje a Cristobal Colón, Pizarro, Almagro, Francisco Toledo, Barba de Padilla o Gerónimo Osorio, en el caso Cochabambino, (más que el reconocimiento de un pasado que nos hizo lo que somos [bueno o malo, no somos jueces]), podemos aprender de su herencia histórica.

DECOLONIZAR (término más apropiado desde las ideas de Walter Mignolo) es asumir nuestra propia IDENTIDAD, desde nuestros valores, nuestro pensamiento, nuestra cosmovisión diversa en una sociedad múltiple como la boliviana, nuestra creatividad desde los distintos campos de la expresión artística, desde los diversos estratos sociales, económicos, políticos o culturales, desde la multidimensionalidad de religiosidades, o la pluralidad de lo que se preserva y lo que se transforma.
Seguir asumiendo que España nos trajo "civilización" es tan retrógrado como aplaudir la supuesta "humanización" de los indígenas locales en América Latina o la negación de sus culturas y sus credos. Si bien no se puede negar el pasado europeo, será importante aprender de ella para no cometer los mismos ERRORES, y asumir una IDENTIDAD múltiple y heterogénea de lo que queremos y lo que somos.

Tampoco podemos dar continuidad a la infravaloración de la herencia local prehispánica, al que se nos acostumbró a tratarla como arcaica, inferior, o incivilizada. Este espejismo de pseudo-superioridad de la época colonial es la herencia que debemos de superar.

Existe por tanto una doble negación, una construcción simbólica que ha sido naturalizada para rechazar y generar repulsión hacia lo que es diferente a nosotros. Que el blanco es el “limpio” y lo negro lo “sucio”, que mi credo es de Dios y la del otro es del “diablo”, que yo soy mejor por ser citadino y el otro no lo puede ser por ser del campo. Una negación es la que se ejerce históricamente contra lo indígena y lo popular. Y la otra, que no deja de ser negación, es la que nos empuja a una construcción simbólica imaginaria como respuesta a la primera, es decir una negación de lo español y lo europeo. Debemos por tanto ser críticos, caer en esta doble negación es simplemente asumir una esquina de un cuadrilátero que no existe, para enfrentarnos a alguien a quién vemos en el espejo. Eso es negar que el boliviano o boliviana sean dimensiones de un mismo producto/resultado histórico. Esta dialéctica y la consciencia de ella nos debiera de alejar de tomar posturas maniqueas que solo dan continuidad a un Estado que aún no reconoce su diversidad.

En este sentido, cada 12 de octubre debe instaurarse una actitud constante de todo el año, no de negación, sino de asumir nuestro presente en prospectiva de un futuro que nos haga ÚNICOS, y a la vez, diversos como bolivianos en este mundo de complejidad y dinámica cultural.

Este 12 de octubre debemos reflexionar y ser maduros si queremos que nuestros hijos dejen de cometer los mismos y pueriles errores. Tenemos que sumir consciencia de que podemos vivir y co-existir entre diferentes, aprendiendo unos de otros (sin culturas superiores o inferiores, sino diferentes y a la vez similares). ¿Quién dijo que debemos de homogeneizarnos? ¿Dónde está la ley física que nos obliga a pensar en un Estado-Nación, capaz de negar aquello que no considera dentro sus espacios y que es capaz de oficializar lo ilegítimo bajo la invisibilización y subsumición de las diferencias?

Una actitud diferente será asumir la identidad boliviana de manera abierta y compleja, llegar a comunicarnos con el otro, y no negarlo/rechazarlo a priori como usualmente estamos acostumbrados. Si seguimos con estas actitudes del pasado (negando al otro y cualificándolo como inferior desde nuestros valores, sin entender los suyos), efectivamente no hemos aprendido nada.

Lograr un Estado Plurinacional, no es un logro de un partido político a favor de un conjunto concreto de la sociedad, sino un avance político a favor de la inclusión y el reconocimiento de la diversidad cultural de la que tanto nos jactamos. La UNESCO o la ONU arguyen el gran avance en la consolidación de un Estado Plurinacional, pero aunque existe una norma, aún hace falta políticas públicas y culturales que promuevan la interculturalidad y la comunicación de la diversidad cultural, para de esta manera, superar la lógica occidental de los Estado-Nación que no tiene nada que ver con fragmentar un país como en el caso de Cataluña, por dar un ejemplo.


Reitero, si seguimos polarizando y fragmentando nuestras territorialidades e identidades con discursos trillados y mezquinos como lo hacen muchos políticos, o asumiendo una identidad falsamente superior a la condición de otros que piensan diferente y sienten la cultura diferente, entonces estos más de 500 años no hemos aprendido nada.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Patrimonio K´ochala, Patrimonio de Nadie


Vista lateral del estado actual de la obra de José Manuel Villavicencio. Fuente inédita

Otro patrimonio arquitectónico perdido

En los últimos días algunos ciudadanos pudimos observar el estado de demolición “legalmente” constituido, que se desarrolla en la edificación patrimonial, (bueno, la que un día fue), ubicada entre la calle Chuquisaca, la calle Salamanca y la Plazuela Constitución. (ver mapa).

Recordemos que la edificación fue “Premio Municipal” en la década de los años 50, fue una de las obras del notable arquitecto José Manuel Villavicencio. Fue el mismo arquitecto que diseñó otras edificaciones del mismo estilo como la utilizada por TOYOSA en la final Av. Tarija y Av. América, el Club de Tenis en la Plaza de las Banderas, o el reconocido Estadio Felix Capriles.

A la fecha, a este patrimonio arquitectónico no declarado (según la Ley 530) se le ha demolido más del 95 % de sus estructuras para dar paso, muy probablemente, a la construcción de algún edificio “moderno” que le servirá de provecho a algún particular, bajo el argumento de “adecuación” de una “fachada patrimonial”. 

Careta como patrimonio arquitectónico 
Según Anton Ozomek, un defensor del patrimonio histórico en Málaga, donde el comportamiento depredador de edificaciones patrimoniales es similar al de Cochabamba. El experto explica que la sola utilización de una careta (restos), en este caso, de la edificación del arquitecto Villavicencio, es una falacia para la historia; “Un huevo roto y vaciado no es un huevo, es solo una cáscara; y un edificio histórico demolido salvo fachadas no es patrimonio histórico, es solo otra cáscara”, arguye Ozomek.


De la misma manera, otros especialistas con los mismos problemas de demolición en la ciudad de Valparaíso en Chile, manifiestan su desacuerdo con este tipo de prácticas; “Es una visión fachadista que no es preservar el patrimonio. Los inmuebles pueden tener mayor contenido de valor patrimonial muchas veces en el interior y no necesariamente en la fachada”, sentencia Rosario Carvajal, presidente de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales. 

La disimulada justificación que se da al no demoler el frontis de un inmueble como este (obra de Villavicencio), es en el fondo un falaz argumento que posibilita su destrucción total (por más cáscara que se haya dejado para preservar). En este sentido, el arquitecto Ignacio Ossa de la vecina ciudad del Valparaíso concuerda en que, “el camino más fácil al dejar una fachada es que el nuevo edificio no necesariamente entra en diálogo arquitectónico con lo que uno dejó de patrimonio. Es una mala práctica que claramente no le hace justicia […] para qué se está dejando un edificio que arquitectónicamente uno considera que es patrimonial, si después el nuevo edificio y su programa no entran en juego con él ni lo reivindican”. 

En otras palabras, con la demolición de los interiores de esta edificación, hubiera sido preferible que la demuelan totalmente, porque al dejar sus restos (su cáscara), es como coloquialmente se describe cuando una persona ha sufrido de “mancharisq´a”, es decir ha perdido su ajayu (alma), lo que significa, en términos del patrimonio cultural, la pérdida simbólica irremediable de la estructura que alguna vez la albergó y que hizo de él un patrimonio arquitectónico. 

Vista del interior de la obra de José Manuel Villavicencio. Fuente inédita

La naturalización social del exterminio histórico 

Por otra parte, esta pérfida participación de la extirpación de las pocas arquitecturas patrimoniales es un problema no solo de orden económico y político, sino sobre todo una cuestión cultural. 

La indiferencia y la poca valoración que se le da a la historia a través de su arquitectura es un común denominador en la mayoría de la población boliviana y en general Latinoamericana. Las autoridades que administran la situación de estas estructuras con cualidad patrimonial (declaradas o no) en el Cercado o el resto de Municipios del departamento y del país, los empresarios inmobiliarios que lucran con la construcción de nuevas edificaciones que carcomen (las que representan y representaron) nuestro legado histórico, los representantes políticos en ejercicio de poder, quienes fabrican normas que protegen la historia y el patrimonio de los bolivianos, y quienes además se supone, son el ejemplo de amor y respeto hacia el bien común para la ciudadanía; Todos forman parte de esta naturalización por la aniquilación histórica del patrimonio (mueble e inmueble, material e inmaterial), el desapego hacia la identidad, el des-conocimiento de la autenticidad y del valor del patrimonio arquitectónico. 

Propiedad privada Vs. Bien común 

Se ha internalizado en nuestra sociedad la noción de patrimonio, de manera general, como un imaginario estructurado que lo define como un objeto de propiedad privada de alguien (o de algunos), cuya obligación (responsabilidad) recae en quién la administra, y no del conjunto social al que este administrador representa; Es decir, de las autoridades de turno y no con la co-participación de la ciudadanía. ¿Qué hacemos entonces si las autoridades desconocen de la importancia de estos bienes, y peor aún, deciden acciones que en vez de salvaguardarlo, contrariamente promueven su extinción? En consecuencia, imagínense si el ciudadano con poder (sea autoridad, político o empresario) tiene aversión y desestima por el patrimonio, peor aún es la conducta del ciudadano para quien en realidad no existe patrimonio como tal. 

La mayoría de la población (ciudadanos de a pie o ciudadanos en ejercicio del poder económico o político) no ha tomado consciencia de que el patrimonio es la representación simbólica que se constituye por la apropiación de un pueblo, quien le asigna un “valor” y el disfrute de dicho bien cultural. Por tanto, en la realidad, el patrimonio arquitectónico que está desapareciendo, como otras formas de patrimonio, NO EXISTE, y sigue siendo en la práctica, propiedad privada de quien puede hacer una transacción (trato) con ella. 

Aspecto deteriorado de las pocas edificaciones históricas que quedan en el casco viejo de Cochabamba

La antropología de la des-patrimonialización 

Una explicación antropológica retrospectiva de este des-arraigo por el bien común puede llevarnos otrora hacia la época colonial en América. Las nociones eurocéntricas heredadas y difundidas desde la llegada de los primeros habitantes españoles en América y su modelo de “civilización occidental”, subsumió la concepción imaginaria local de “propiedad común” (comunitaria o comunal). Se instaló desde entonces la noción romanizada de la propiedad privada, extirpando de esta manera (durante la colonia, la república y el propio estadio del Estado Plurinacional) cualquier visión social por el bien común referida al patrimonio arquitectónico. Por una parte por el des-entendimiento del valor por parte de quienes tienen el poder económico y político para influenciar las determinaciones sobre el futuro de estas edificaciones, y por otra, por el “nomeimportismo” de los ciudadanos de a pie, a quienes no incomoda la situación en lo más mínimo. 

Valga mencionar que el patrimonio cultural también cuenta con otras variables que no mencionaremos, que si tuviéramos que hacer referencia a términos de “usos” que se asigna a un patrimonio por un conjunto social, esta reflexión tomaría otra dirección. Pero lo claro, es que las áreas urbanas, y en este tiempo también las áreas rurales por el espejismo del “desarrollo” y la “modernidad”, están fagocitando lo que queda de patrimonio histórico, en ausencia a esta conexión que propicia la “ultilidad” o no de un bien cultural. 

De esta manera las contradicciones hacia el patrimonio arquitectónico en Cochabamba son entendibles (siendo sarcásticos). El notable maestro José Manuel Villavicencio, quién fue el autor de este patrimonio estructural histórico y un arquitecto de gran importancia en la mitad del siglo XX, sobre todo por sus trabajos en la ciudad de La Paz, retornó a Cochabamba por problemas de salud, lugar donde murió pobre y sin reconocimiento (protección) de sus obras. Con la pérdida de una de ellas, se aplasta, se demuele y se hace polvo, el legado de un notable. 

En concreto, ¿Patrimonio k´ochala?, NO, patrimonio de NADIE.

domingo, 6 de agosto de 2017

El 6 DE AGOSTO y la PATRIA FRAGMENTADA


Es fácil y hasta anacrónicamente “patriótico” colocar una bandera en un lugar visible dentro y fuera de nuestras casas, y hacer de cuenta que cumplimos un años más de independencia, como remembranza a la Fundación de la República un 6 de agosto de 1825. Es fácil elogiar a una Bolivia por sus tres colores sin tomar en cuenta el significado de la heterogeneidad que aquello implica. Es fácil postear una imagen en Facebook y felicitar a nuestra patria por sus 192 años de “independencia” sin cuestionar si en realidad somos un país como tal, y si realmente somos independientes en muchos aspectos. Es fácil creer que somos bolivianos desde la percepción egocéntrica de cada ciudadano, sin tomar en cuenta la legitimidad en la existencia de otros que lo son, siendo diferentes. 

Es fácil comprarse una escarapela para presumir la nacionalidad boliviana por un par de días en torno al 6 de agosto, cuando el resto del año avergonzamos al polisémico concepto de ser boliviano con nuestras actitudes etnocentristas y religionalistas. Es cómodo ser partícipe de los festejos cívicos desde el palco, la expectación o el propio desfile con traje de gala, pero qué incómodo es aceptar que este país celebra conjuntamente con aquellos que lo hacen de distinta manera. Es fácil aislarse para celebrar este aniversario con nuestros semejantes, pero que difícil es hacerlo con los que no lo son. Es fácil olvidarse de la existencia de las otras identidades, de otras cosmovisiones, de otros credos, de otros significados de lo que denominamos fe, pero que difícil es conocerlo, reconocerlo, aceptarlo, apropiarlo, y asumirlo; Qué difícil es darnos cuenta que somos uno y a la vez parte, que somos una sola nación y a la vez plurinacional, que somos una identidad con varios significados y que somos diferentes siendo similares.

La construcción de un Estado Plurinacional no lo definió su promulgación el 2009, ni lo constituyeron los gobernantes de turno. El asumir la patria es asumir tal condición. Entender y asumir que somos un Estado (uno) Plurinacional (varios) es tarea de cada bolivianos que dice serlo. Desde el político en la Asamblea Legislativa, hasta el ciudadano en su humilde morada, desde el presidente de turno, hasta el obrero que trabaja en día feriado, desde aquellos que se ubican en áreas rurales, hasta aquellos que se encuentran en las vertiginosas ciudades, desde aquellos que andan en las redes sociales, hasta aquellos que no conocen la internet. 

Es decir, todos y todas somos, en nuestra condición de bolivianos, parte de una heterogeneidad compleja y divergente. Asumir que somos “patria”, no se trata de que todos pensemos igual, se trata de que pensando de diferente manera seguimos siendo nación, porque en una familia los hermanos son diferentes, divergentes, opuestos, distintos, pero en esa diferencia está la riqueza, la fortaleza, las oportunidades. 

La construcción de un país en la diversidad atravesará por esta constante denominada “interculturalidad”. Esta debe traslocarse del texto a la práctica del cotidiano sin esperar que otros lo hagan primero. 

Ser parte de un país como Bolivia es tomar consciencia de aquello, es rechazar cualquier llamado a la fragmentación, a la división, a la separación por razones partidistas, políticas, económicas o culturales. El problema de nuestro país no es la falta de riqueza material o intelectual, sino de la falta de consciencia por una cultura del diálogo, del respeto, de superar los legalismos de la “tolerancia”, de las normas que nos quieren obligar a ser más seres humanos, más racionales, más afectivos, más solidarios, más bolivianos. 

Escucho pregonar en varias regiones de este país, que el boliviano en su localidad te recibe con los brazos abiertos, que te invita a pasar a su humilde morada, que te cobija con lo mucho o poco que tiene, que te convida de su exquisito plato y su bebida parsimoniosa, y que finalmente te reitera un pronto y feliz retorno. Seamos así, no solo de boca, sino de acciones, no seamos bolivianos solo para los extranjeros, sino también para los nuestros.

Deseo para este país que, cada 6 de agosto, practiquemos ser bolivianos los 365 días del año, para así demostrar verdaderamente que lo somos y que no solo lo creemos. ¡Felicidades querida Bolivia! ¡Felcidades querid@ boliviano”.

martes, 7 de marzo de 2017

El FEMINICIDIO de los Medios de Comunicación en Bolivia





Para favorecer la comprensión de la problemática que se planeta en este texto es preciso realizar una retrospectiva para entender los cambios y transformaciones, en el clima de las emisiones de programas de entretenimiento y publicidad en los medios de comunicación social, sobre todo en canales televisivos.

Una breve historia de la Televisión en Bolivia

La Televisión Boliviana surgió el 30 agosto de 1969 mediante un decreto emitido por el entonces presidente Luis Adolfo Siles Salinas quien asumió el poder a la muerte del Gral. René Barrientos Ortuño. En esta época las personas que tenían un televisor solamente lograban captar imágenes en blanco y negro. Los despachos internacionales eran recibidos a través de teletipo mediante la agencia de noticias DPA, pero el mismo no era inmediato y las noticias eran conocidas por los bolivianos dos días después de que los hechos sucedían en el mundo.

Durante la década de los años setenta Televisión Boliviana comenzó con la producción propia para ser difundida al resto del país. Mabel Rivera, directora del teatro "El Arlequín" implementó un programa infantil en el que cada semana se presentaba cuentos como Blanca Nieves, Caperucita Roja y otros. En esa misma década nació el programa "Enfoques", dirigido y producido por el comunicador Mario "Cucho" Vargas. En este programa se realizaron presentaciones de artistas nacionales e internacionales. A la llegada de la década de los ochenta Televisión Boliviana se convierte en ENTB (Empresa Nación de Televisión Boliviana).


(1985-1999) Con la llegada de la Democracia a Bolivia los canales privados comenzaron a multiplicarse con la emisión de enlatados norteamericanos de todo tipo. En este contexto ENTB continuó con emisiones informativas y educativas. A finales de los años ochenta los analistas políticos como Carlos Mesa toman las pantallas de televisión, época en el que empieza a consolidarse la “opinión pública”, y a partir de los años noventa el programa se llamaría los "todólogos". (2006-2009) Con la Constitución Política del Estado Plurinacional se determinó la creación, en abril de 2009, de la empresa Bolivia TV como medio de comunicación del Estado y las empresas privadas de TV fortalecieron su programación con mayor producción nacional y emisión de enlatados Latinoamericanos.

En la actualidad, las programaciones de estas empresas de Comunicación se basan en la agenda-setting y la grilla del consumo de audiencias, establecidas por los medios de comunicación internacional, basándose en la ética neoliberal y capitalista de las grandes empresas de la industria cultural.

La preferencia por la TV

Según el Censo de Población y Vivienda del año 2012 (INE), en Bolivia son 2.812.715 el total de personas que tienen acceso a Tecnologías de Información y Comunicación, de las cuales 67,24 % del total de personas, con viviendas particulares y ocupantes presentes, tiene acceso a la televisión. La Paz tiene el 82 % y es la ciudad con mayor cantidad de personas con acceso a este medio, secundando Oruro con 78 %, tercero en la lista es Tarija con 77 %, y Cochabamba con el 76 % ocupando el cuarto lugar. Según UNIR Bolivia y su Informe Final del año 2013, el 70 % de la población prefiere ver prioritariamente la TV con respecto a otros medios tradicionales.

Una realidad alarmante

Hasta diciembre de 2016, un total de 104 casos de feminicidio se registraron en Bolivia, siendo La Paz y Cochabamba las regiones donde se presentaron más hechos de esta naturaleza, según la Fiscalía General del Estado.

“De ese total, 24 casos ya tienen sentencia condenatoria (17 por procedimiento abreviado), cinco se extinguieron por muerte del imputado y el resto de casos se encuentra en etapa de investigación”, informó el Fiscal General del Estado, Ramiro José Guerrero Peñaranda, citado en un boletín de prensa de la institución judicial. Las cifras por departamento registra: La Paz con 28 casos de Feminicidio, Cochabamba 27, Santa Cruz 21, Chuquisaca 5; Oruro 6; Tarija 5; Potosí 8; Beni 3 y Pando 1. Sin tomar en cuenta las cifras no oficiales de la gestión 2017, hasta la fecha.

La TV misógina y Contradicciones de los MASS MEDIA

Notaremos, según nuestro contexto, que son diversos los medios que la población acepta o asume para informarse o entretenerse, sin embargo son los canales de TV que la gente prefiere, y por tanto, le otorgan cierta credibilidad en el consumo de la opinión pública. Por otra parte, la TV es la más aceptada por su accesibilidad, según el INE, ya que utiliza varios de los recursos sensitivos de comunicación (audio/visual en gran medida). Bajo este contexto debemos relacionar la problemática de la violencia contra las mujeres con los referentes históricos y actuales de los medios de comunicación, sobre todo el de la televisión y su programación con respecto a su grilla de entretenimiento y publicidad.

Mientras los medios de comunicación emiten cortos de propaganda en el que difunden derechos de las mujeres y -la ley 348- que sanciona cualquier acto de violencia en contra de ellas, estos mismos medios se contradicen con la manipulación de la figura de la mujer como objeto de publicidad, como representación supeditada a la figura del hombre, y el medio, como ente que debe preservar el paradigma patriarcalista que regula el sistema y el padrón de conducta frente a los roles de género. ¿A qué nos referimos? Analicemos las contradicciones de estos medios en base a la normativa vigente.

Tenemos 3 párrafos en el Artículo 23 de la Ley 348 “LEY INTEGRAL PARA GARANTIZAR A LAS MUJERES UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA” promulgada el 9 de marzo de 2013, referidas a la “OBLIGACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”, (Obligación desde la promulgación del DS 2145, el 14 de octubre del 2014)


Vayamos por partes. Primero, según el Artículo 23 de la Ley 348. (Obligación de los medios de comunicación). Estos adoptarán las siguientes medidas:
“1. Adoptar los Códigos de Ética y otras medidas de autorregulación, en relación a la difusión de contenidos discriminatorios vinculados a la violencia hacia las mujeres o que refuerzan o justifican la tolerancia, o que atenten contra los derechos de las mujeres”. Sin embargo los medios de comunicación no solo incumplen, sino que hacen totalmente lo opuesto. ¿Cómo? La producción nacional y regional, con respecto a una programación de entretenimiento, bombardea diariamente información y prototipos de belleza, de mujer, de madre, de hija, y de una posición (de la figura de mujer subordinada) frente a la figura masculina. No existe cuestionamiento de esta producción mediática de parte de la sociedad, y menos de los mismos medios hacia sus sistemas vigentes de control y “autorregulación”. En palabras someras, la cosificación de las mujeres se ha -NATURALIZADO-. No existe una des-alienada regulación de sí misma en base a la norma. Hasta la fecha solo se presume dicha “auto-regulación” con respecto a la problemática. ¿Cómo puede auto-regularse un sistema en el ámbito comunicacional, si el sistema mismo carece de una ética des-patriarcalizadora? ¿Cómo puede existir un serio cuestionamiento a las estructuras ideológicas de este sistema, si a priori existe “naturalización” de esta violencia?


Por otra parte, el párrafo 2 del Artículo 23 de la Ley 348. (Obligación de los medios de comunicación) manifiesta: “Destinar, en el marco de la responsabilidad social, un espacio mínimo gratuito para la difusión de mensajes que promuevan los valores establecidos en la presente Ley”. Si bien algunos medios publicitan la norma, lo hacen difundiendo imágenes, texto o audio, pero no el propósito y fin de la ley. Es decir, los “valores” de la ley tienen relación estrecha con el supuesto rol de educación de la sociedad que estos medios deberían de asumir. Por el contrario, los medios, en su mayoría, carecen totalmente de este atributo. Pues canales, prensa escrita/digital o radio, en absoluto transmiten valores, solo transmiten mecánica y literalmente dicha norma. Los pocos que lo hacen, lo hacen como si nos hicieran un favor. Y encima, se contradicen con las parafernalias misóginas dentro la programación de entretenimiento, donde transmiten anti-valores a partir de la instrumentalización y el exhibicionismo de las mujeres. Se darán cuenta que la incoherencia en los MASS Media es notoria.

Entre tanto, el párrafo 3 del Artículo 23 de la Ley 348. (Obligación de los medios de comunicación) arguye: “Difundir informaciones relativas a la violencia contra las mujeres de forma objetiva, precautelando la defensa de su autonomía, libertad, dignidad, privacidad y derechos, de sus hijas e hijos, restringiendo toda exposición gráfica que constituya humillación, exposición pública y/o degradante”. El análisis respecto de la difusión “objetiva” que supuestamente desarrollan la mayoría de los medios, concerniente a la violencia contra las mujeres, lo explicaremos casi al finalizar este artículo por tener connotaciones especiales. Lo que sí podemos ya mencionar es el incumplimiento del resto de este párrafo. ¿Por qué?

La TV es preponderantemente misógina, aunque aparente ser salvaguarda de su dignidad, privacidad y de sus derechos, porque ha sido fundado bajo la lógica capitalista, y por tanto del patriarcado mercantilizador y subsumista de la feminidad. Esta corrupción pasa desapercibida por la mayoría de la sociedad bajo máscaras de entretenimiento y marketing. Lo que estos medios no advierten es la proyección que está más allá de sus narices; La manipulación comercial de la figura femenina a nombre de “moda”, la de una promoción distorsionada del pseudo-estereotipo de mujer occidentalizada a nombre de “belleza universal”, la de una espectacularización del morbo eurocentrado femíneo a nombre de “competencia de belleza”, o la de una exotización burlesca y mediatizada de cuerpos femeninos que no engranan bajo los estándares comestibles de la TV, a nombre de “show” o “reality”.

Los Medios de comunicación (recalco no todos, pero sí en su gran mayoría), siendo uno de los medios presuntamente con mayor cantidad de información difundida, y por tanto de conocimiento, resultaron ser, como en muchos otros países de Latino América, una de las instituciones con mayor ignorancia en la cuestión y con una de las mayores cegueras patriarcales del neocolonialismo del siglo XXI. ¿Cómo se le puede pedir al medio educar contra la violencia hacia la mujer, si las estructuras mentales de gran parte de sus empleados y empleadores están programados para hacer todo lo contrario? Es como pedirle a la higuera unos exquisitos anticuchos con llajwa de maní, obviamente nunca te los dará por más que se esfuerce.

Del dicho al Hecho.

Los medios de comunicación no solo promueven mayor violencia contra las mujeres de una manera sutil y disimulada. Es más, la practican a diario. Los hechos nos demuestran que el problema de la violencia1 en los medios de comunicación, sobre todo en la TV, reitero, se ha NATURALIZADO. Dicha naturalización está cohesionada con el hábitus, término que utiliza el intelectual Pierre Bourdieu para referirse a esquemas mentales estructurados y estructurantes que explican como se naturaliza el rol y el comportamiento de un individuo en una comunidad. En otras palabras se refiere a la cultura (entendida como educación) que los individuos (hombres y mujeres) aprenden. Este hábitus cultural se internaliza, por una parte gracias a la influencia de la familia, las instituciones educativas, y por otra, a través de los medios de comunicación.

Estos medios de comunicación son manejados a través de algunos monopolios mercantilistas bajo lógicas empresariales, que ofrecen una programación considerada TVbasura por quienes cuestionamos la naturalidad de la violencia simbólica y mediática contra las mujeres. Este sistema se basa en la compra/venta de productos o servicios, a través de la emisión de "golosinas y alimento chatarra distractivo" que fomenta la preservación de los roles tradicionales entre hombres y mujeres, la “cosificación” de la féminas, violencia simbólica, etc. El serio interés por el lucro de estos canales de Tv, como en otros medios, pone en evidencia que la violencia contra la mujer no solo es instaurado, prolongado y fomentado por la ausencia de valores en el hogar, sino por la promoción de antivalores que es difundido por estos medios de comunicación. No diré todos, pero es fácil notar que no falta alguno que no use la "belleza de la mujer" para ganar rating. Acá no se cuestiona la situación socioeconómica del medio, lo que se cuestiona es la presunta "responsabilidad social" de la que carece. 

Programaciones de entretenimiento para “mayores de edad” que se emiten en horarios de familia, por ejemplo; Publicidades que “denigran” a las mujeres y que es transmitido a lo largo del día sin censura o ajuste en horarios establecidos para la familia. O la frase que se hizo célebre en una de las publicidades de un canal en particular; “El hombre -trabajador-. Y la mujer -la más tierna de la casa-“. Pregunto, ¿Acaso las mujeres que cargan con los quehaceres domésticos, no trabajan? Este último ejemplo denota la reproducción de roles en función del sexo, la invisibilización de las mujeres, y la promoción del estereotipo de trabajo ligado al sexo. Este pequeño ejemplo entre muchos, refleja la insensibilidad y la ceguera de los productores al momento de llevar a la acción su frivolidad, mal llamada “creatividad”.

1. Categorías de violencia contra la mujer, inscritas en el texto de la Ley 348.


Androgeneización de la violencia. Contradicciones en la Ley 348

 
La violencia simbólica y mediática también atraviesa por otro mecanismo de internalización. Me refiero al lenguaje explícito e implícito, gráfico y no gráfico. El amarillismo en algunos periódicos censurables que traslocaron su comportamiento a los periódicos de “élite”. Y es que no solo se trata de un vicio misógino, sino que el círculo vicioso instrumentaliza a su vez a los medios impresos “populares” para obtener la subvención suficiente para sus arcas. ¿Cómo lo hacen? Difundiendo en sus contenidos, la violencia, el morbo y la censura, basándose en el objeto (mujer y otras categorías más). De esta manera se replica la idea de lo normal/natural, cuando los sujetos consumidores, niños (indirectamente), adolescentes, adultos,  ancianos, hombres y mujeres, llevan a la dialéctica machista la aplicación en su cotidiano de esta lógica. Por una parte, la conservación en la mente de las mujeres, de su presunta inferioridad (mujer dócil/débil), a través de la violencia manifiesta en los contenidos de estos medios. Y por otra en el fortalecimiento de la idea de superioridad (agresivo/fuerte) de los hombres frente a las mujeres.

La descomunicación de los medios también ha ido naturalizando otro problema. Y es que el asunto no solo incumbe a los medios como re-productores de la idea de violencia o su relación simbólica, sino de aquellos productores y protagonistas de la solución más “fiable” del mundo (lo afirmo sarcásticamente), tal y como es la Ley 348; Veamos por ejemplo, en su Artículo 7. (Tipos de violencia contra las mujeres). Encontramos el párrafo 2. “Violencia Feminicida” cuyo concepto dice; “Es la acción de extrema violencia que viola el derecho fundamental a la vida y causa la muerte de la mujer por el hecho de serlo”. Sin embargo los medios de comunicación promueven la androgeneización de la violencia (con consciencia del hecho o sin ella). Es decir, según lo analizamos, la violencia pareciera ejercitarse solo de un lado; Sin requerir de mucho intelecto para darse cuenta, se trata de una torpe falacia, que se naturaliza gracias a la fresca y perdurable publicidad de las notas de prensa de la mayoría de los medios de comunicación.

¿Cómo sucede? Según los periodistas y reporteros, cualquier tipo de asesinato premeditado o no, es considerado “feminicidio” si la víctima es mujer, lo propio sucede con las autoridades policiales, políticas e institucionales, al replicar esta lógica. Pregunto, ¿Acaso los periodistas, policías, autoridades de gobierno, o cualquier vocero oficial, tienen una “bola de cristal” para saber a priori que el cónyuge, amante, amigo, conocido o desconocido, asesinó a su víctima porque simplemente se trataba de una mujer? ¿Dónde quedaron los motivos, razones o circunstancias para hacerlo, o es que se obvian estas causas? De ser así, ¿Cuándo una mujer mata a otra mujer, no es feminicidio? No, porque seguramente no se ejerció la misma “violencia” durante el asesinato (seguramente). Mejor aún, ¿Si una mujer homosexual mata a su amante mujer, dejó de ser feminicidio solo porque fue un acto no perpetrado por un hombre?

Si la violencia se la categoriza por la sexualidad, entonces merece que el asesinato hacia un hombre se denomine “androcidio”. Luego inventaremos una categoría que diferencie al infanticidio por su sexo. Y cuando finalmente categoricemos etariamente la violencia, lo haremos por estratos económicos. ¿No les parece absurdo?

Si mantenemos esta lógica verticalista donde el hombre heterosexual es un potencial feminicida, (solo porque es hombre), y la mujer heterosexual es potencialmente sujeto de feminicidio, (solo porque es mujer); Se naturaliza la noción de violencia en ambos casos. Tanto de quién puede asumir la presunta superioridad, como de quién debe considerarse sujeto de dominación.

¿La violencia que lleva a la muerte de una mujer hacia otra, o de una mujer hacia un hombre, no es igualmente repudiable? Esta pseudo-categorización, reitero, solo promueve la androgeneización de la violencia, la mitificación de la misoandría o misandria, y la codificación estereotipada del crimen.  Se trata de la promoción de un falso maniqueísmo, donde el hombre es el fuerte/villano, y la mujer es la débil/víctima. Tal afirmación es totalmente descabellada, lo sé. Pero es, lo que en el fondo nos quieren decir, cada vez que nos repiten trilladamente “feminicidio”.

Aclaro que no estoy defendiendo ninguna clase de machismo, ni estoy tomando una postura andropocéntrica, ni estoy cayendo en una contradicción después de todo lo expuesto con anterioridad. Considero que la violencia, venga de donde venga, es y seguirá siendo violencia. Mate un hombre a una mujer, o mate una mujer a un hombre, el asesinato solo tiene un nombre. Mate un ser humano a otro, sea del sexo que fuere, no importa la edad, ni la condición económica, es totalmente condenable y repudiable. Los hechos nos demuestran que ninguna ley “contra la violencia hacia la mujer” (por lo menos en el contexto boliviano) ha logrado resolver el problema, más al contrario, preserva la situación vigente, la fomenta y la reproduce.

Este conflicto no es asunto político/legislativo (aunque se requieren de políticas), sino de un asunto cultural, un asunto que debe trabajarse desde la educación, desde un hábitus alternativo.

Si los gobernantes invirtieran más recursos económicos y más empeño al invertir en cultura (entendida como educación) y menos en protagonismos mediáticos pseudo-heroicos, el asunto podría cambiar de horizonte. Claro está, se trata de un proceso largo, pero que finalmente cambiaría la perspectiva de las futuras generaciones en relación de una interculturalidad de género, un diálogo real y respetuoso entre hombres y mujeres. Mientras, solo nos queda intentar descolonizar las mentes alienadas de nuestra sociedad, difundiendo contenidos reflexivos y educativos, como este que presentamos hoy.

Ley 348 para descargar