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viernes, 24 de junio de 2011

Cultura educacional y Educación, ¿por que mejor no simplificarla?


Al inicio de este ensayo se pretende reunir una serie de criterios que funcionen como piezas base en la aplicación práctica de la educación en el contexto cultural de nuestro país, algo que parece ser difícil y para esto será necesario adentrarnos al fenómeno de la cultura educacional de la Educación en si, tomando en cuenta la tarea de la familia, el grupo afín y las instituciones de educación. Observaremos que en la globalización del mundo del conocimiento existe también un peligro de violencia simbólica donde ahondaremos tratando de asimilar estos conocimientos para este nuestro entorno social. Por otra parte existen variaciones muy notables al que se puede llegar dentro de este trabajo, tenemos en él un campo pedagógico, relacionado a las lagunas que produce la inconsistencia de la base cultural, antecedente obligado de la educación. Trataremos en tanto de profundizar la existencia de arbitrariedades culturales que conviven en la praxis de la educación.

Para este fin será necesario preguntarnos:
¿Por qué razón pensar en una educación del “futuro” puesto que intrínsecamente estamos sujetos al presente ineludible de la educación que intenta adecuarse, formarse, prepararse, etc.?
¿Por qué razón analizar el fenómeno cultural y poder simbólico en la educación? Estas respuestas se trataran de responder en el desarrollo del trabajo.

En una visión macro podemos decir que existe en el mundo de la globalización un compromiso tácito pactado por las principales tendencias, o mejor dicho, impuesto por las sociedades y los “Estado civilizados”, consiste en cultivar en el espíritu del educando los valores más altos de la actual cultura: la moral de los países grandes, con sus deducciones complementarias: civismos, honor personal y profesional, el deber de trabajar por el progreso de la ciencia y sus beneficiosas aplicaciones prácticas y cultivo de los sentimientos sociales; el desarrollo, en fin, de la personalidad suya que tal parece ser lo que se impone actualmente en la conciencia de la humanidad.
En tanto la visión micro nos demuestra un dueto educacional, profesor y alumno independientes para resolver el tema de “comprender el conocimiento” e interpretarlo de manera crítica y utilizable, este es el problema de los saberes.

Ahora estableciendo este preludio surge la crítica a los siete saberes necesarios. La práctica de la educación padece necesariamente de esas deficiencias de la “teoría y la práctica”. Y como el pensamiento vulgar tiende a llenar los huecos del pensamiento científico en las materias de aplicación a los fines primarios de la vida, y el campo de la fantasía no tiene puertas, hay un fatal desacuerdo entre los libros de la Pedagogía, el pensar común en asuntos de cultura (que es también el pensar literario, en su mayor parte) y la práctica de la educación. Es decir, no hay un desacuerdo, sino mil desacuerdos, ya que esta práctica difiere de un hogar a otro hogar, y aún de una escuela a otra escuela, y luego la sociedad contraría la obra cumplida en ambos sitios, y aquellas teorías son algo diferentes entre sí, y aquel pensar del “saber” suele variar según las particulares ideas y hasta el humor del momento del que habla o escribe.


Tratar el fenómeno educación, serena, imparcialmente, o como se quiera interpretarla, es tener que habérselas visto con el contacto entre sentido crítico y los sentidos de la percepción, por tanto es imposible de acordar o consensuar un conocimiento como tal y entre sí, de la misma manera que no pueden armonizar varios ruidos para crear un repertorio armónico.

La Pedagogía es un algo de complejísimo contenido, de distribución caótica, de contornos tan caprichosos e indefinidos, que ya se confunden con los de multitud de conocimientos sistemáticos –que no son Pedagogía, sino ciencias aparte– ya se reducen a tan estrechos límites, que apenas si aparece alguna débil consecuencia del principio fundamental, y si particularizamos cada “visión” desde el mismo campo del conocimiento, seguramente nos encontraremos en el mar del universo donde el hombre absolutamente esta perdido en un minúsculo espacio en el que trata de llegar a tocar lo que ni aun ha visto, es decir, donde la exploración de los siete saberes intenta aterrizar, no obstante acierta en las reglas invisibles que proporciona cada cultura y sociedad.

¿Y cuál es el principio fundamental de los conocimientos pedagógicos de la educación, el concepto propio de esa disciplina? Puesto que EDGAR MORIN y Los siete saberes necesarios para la educación del futuro nos presenta un desglose punto por punto de un mutún de ideas, que surca por los aires de toda la concepción “intelectual” del hombre, ¿cómo desistematizar todo este complejo a una “teoría-práctica” de la educación como tal? ¿Cómo llegar a las consciencias hegemónicamente dirigidas por los modelos absolutistas y liberales de la mente humana? Uf…Hasta yo me mareo…
Lo que intento razonar y hacer razonar es, el como simplificar de mejor manera un modelo que parta del ejercicio objetivo al plano de las práctica subjetivas de los educandos y educadores de este contexto subyacente y sobre todo de nuestra realidad “presente” y no futurista denominada Bolivia.
Quiero enfatizar en esta crítica de las críticas del abismo del conocimiento, el rol importante de la cultura y el ejercicio de violencia simbólica en la cultura educacional, por esa razón utilizare las bases de comprensión de la cultura ya aprendida en la materia de Comunicación y Cultura.

El sustento principal del ejercicio de la violencia simbólica cultural seguramente está en la acción pedagógica, la imposición de la arbitrariedad cultural, y no me digan que esta situación no es real.

Esta puede imponerse a través de tres vías: la educación difusa, que tiene lugar en el curso de la interacción con miembros competentes de la formación social en cuestión (un ejemplo del cual podría ser el grupo de iguales, amigos de la Universidad); la educación familiar y la educación institucionalizada (ejemplos de la cual pueden ser la escuela, institutos, etc.)
Pero ¿Por qué adentrarse en esta visión cultural de la educación?

La razón es que la sociedad o (sociedades) en la práctica social ejercen este tipo de intercambio de saberes, no solo se trata de la educación institucional lo repito sino de todo lo que es educación en la vida del ser humano, lo cierto es que desde esta perspectiva podemos llegar a comprender la “teoría-práctica” de la formación del conocimiento y el aprendizaje social y cultural que están sujetas intrínsecamente.

Todas las culturas cuentan con arbitrariedades culturales. Consecuentemente, con el proceso de socialización, se adquieren arbitrariedades culturales. En una sociedad dividida en clases co-existen distintas culturas, distintos enfoques, distintas visiones. El sistema educativo contiene sus propias arbitrariedades culturales, las cuales son las arbitrariedades de las clases dominantes, aunque esto parece estar cambiando en algo. La consecuencia de esto es que los niños por ejemplo de las clases desarrolladas, a diferencia de los de las clases en desarrollo y sobre todo subdesarrolladas, encuentran inequívoco la educación.


Toda enseñanza, en la escuela o en el hogar, descansa en la autoridad o el que cumple el rol de autoridad, (así se autorige la sociedad). La gente debe aceptar el derecho de aquella persona que tiene autoridad a hacer o decir cosas, o de otro modo esta autoridad se desvanece. Es así como en la escuela los alumnos han de aceptar el derecho del profesor a decirles lo que han de estudiar. El docente cuenta con una serie de límites sobre lo que legítimamente puede enseñar., por tanto no puede dedicarse a contar chistes.

Dado que, desde este punto de vista, las arbitrariedades culturales de la educación son las de las clases dominantes, pues así paso en la historia Boliviana durante y después de la república, y lo mismo sucede con la Globalización de las redes de información, son pues estas las que determinan qué cae dentro de los límites de la educación legítima. Por tanto, la educación no es un juez independiente: los criterios para juzgar a los alumnos están determinados por la cultura de las clases, cultura que resulta modificada hasta cierto punto por el sistema educativo.

La acción pedagógica, al reproducir la cultura con toda su arbitrariedad, también reproduce las relaciones de poder. La acción pedagógica implica la exclusión de ciertas ideas como impensables, así como su inculcación, bueno también esto empieza a ser relativo luego de un cambio brusco en la toma del poder simbólico de las últimas elecciones presidenciales en Bolivia.

La autoridad pedagógica es tan fundamental que a menudo se identifica con la relación primordial o natural entre el padre y el hijo. La autoridad no es uniforme en todos los grupos sociales. Las ideas ejercen efectos distintos. Esto significa que el éxito diferencial de la acción pedagógica está, en primer lugar, en función de que cada grupo o clase tiene un distinto “punto de partida” pedagógico.
Con esto hago referencia a una disposición hacia la educación contextualizada, resultado de la educación familiar, social e institucional, un reconocimiento intrínseco de la importancia concedida a la educación.

Un elemento clave que explica las desigualdades educativas es el de capital cultural. Es importante en tanto analizar las diferencias en los resultados educativos que no eran explicados en el texto referencia que habíamos leído para realizar esta práctica crítica.
Por tanto ahora tenemos un margen más claro respecto a la “educación” y la cultura educacional que nos rige, Es verdad nuestra educación va evolucionando junto a los nuevos sistemas de navegación virtual, sin embargo también surgen a la vez nuevas posibilidades de asimilar esa información, porque no hacerlo desde la teoría-práctica que se intenta simplificar en este trabajo .

En las diversas realidades en que se desenvuelven los márgenes y tipologías educacionales, me parece esencial hacer un trabajo en conjunto tratando de simplificar a unos simples conceptos, que además de prácticos logren su utilidad en esta sociedad. El aprendizaje debería ser esencialmente un fenómeno activo, parte del enfoque proveniente del educador y por el otro extremo el alumno que ensambla, extiende, restaura e interpreta ese conocimiento, para finalmente construir nuevos conocimientos, partiendo de su propia experiencia y contexto cultural imperativo, es decir, que el aprendizaje va depender no de el conocimiento mismo sino más bien del educando-educador protagonistas exclusivos de ese conocimiento revalorizado.

En fin es esencial reescribir el valor individual que le hemos dado a los procesos de “pedagogización” de la educación, sea este visto desde un punto de vista cientificista, filosófico o multidisciplinario, el problema de la educación no consta de analizar la cara o la espalda de lo “fundamental” , el problema está en la consciencia del hombre como hombre de conocimiento, y no del hombre que posee consciencia del conocimiento.


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