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lunes, 11 de noviembre de 2019

MEDIOS, PODER Y NOTICIABILIDAD



¿Qué rol tienen los medios frente a esta, denominada por unos, como "recuperación de la democracia", o "Golpe de Estado", por otros? ¿Cómo se construyen las percepciones sociales y estas versiones polarizadas?

En medio del caos, tanto en Chile como en Bolivia respecto de las crisis sociales, los medios juegan un rol demasiado importante, y subrepticiamente estas industrias trabajan -en este momento- en sus procesos productivos de información, exponiendo fragmentos de la realidad -y censurando otros-, por diversos factores; " […] que la clase de noticia que recibe la atención de los medios y la manera en que se las presenta, tienen consecuencias importantes para los regímenes políticos. Sensibles al poder los medios informativos para influir en la agenda política, los gobiernos de todo el mundo tratan de controlar la producción de los medios, forma e informalmente". (Graber, 1981:79)

Esta selección, proceso de producción,  organización productiva y del trabajo, y comercialización/difusión, también cuenta con un carácter individual en el tratamiento, es decir el proceso de la información pasa también por la subjetividad del propio periodista y los factores que en él la definen; "Habría que estudiar la ideología de los informadores para entender mejor la capacidad o disposición ante ciertos temas y, por consiguiente, su mediación. Ideología del informador desde el criterio de su caracterización profesional: ámbito sociocultural de procedencia, nivel de estudios, titulación profesional, modo de reclutamiento o contratación, aspiraciones y posibilidad de promoción, política de formación permanente del canal, grado de participación o intervención en las decisiones y sobre todo la escala de valores o criterios profesionales de noticiabilidad" (Barroso. García, 1992: 82)

Estas visiones se convierten en miradas reduccionistas (como noticia), definen el conocimiento social y por tanto las posiciones políticas respecto de un hecho. De esta manera una de las dimensiones que establece la noticiabilidad o no, de una información, es configurado por factores intrainstitucionales del medio, sean estas valores/noticia de la institución o de la propia persona, invisibilizando fragmentos de la realidad que podrían amplificar los significados sociales; "Estas características de fondo pueden explicarse por las modalidades productivas de la información: el conjunto de factores que determina la noticiabilidad de los acontecimientos permite realizar cotidianamente la cobertura informativa, pero obstaculiza la profundización y la compresión de muchos aspectos significativos en los hechos presentados como noticias.(Wolf; 1987: 219).

La "opinión pública" (dentro y fuera de Bolivia) -que es también una construcción social de los media-, es resultado de los factores que intervienen en el proceso productivo de la noticia. En sociología de la comunicación le llamaríamos el proceso de difusión del conocimiento social. En comunicación social estaría determinado por la noticiabilidad de un hecho.

En 1976 David Altheide definió la NOTICIABILIDAD como una perspectiva práctica sobre los acontecimientos; Enunciación que Mauro Wolf acentúa especialmente por considerar que toma distancia de aquella visión arbitraria impuesta a la selección del trabajo informativo. De hecho, no duda en asociar esta noción, con lo que ahora puede llamarse “cultura periodística”, en clara alusión a ese proceder que se erige en el propio seno de la relación intrainstitucional, el papel que la empresa y el lugar que sus propietarios ocupan en el tejido social-político, los valores que rigen la tarea informativa y las experiencias personales puestas en juego por el periodista.

Sobre este punto Mauro Wolf afirma: “[...] desde esta perspectiva, es noticia lo que –hecho pertinente por la cultura profesional de los periodistas– es susceptible de ser trabajado por el aparato sin excesivas alteraciones y subversiones del normal ciclo productivo”. (Wolf, 1987:217).

Por otro lado, este análisis se expande también a esos medios que son a la vez protagonistas, es decir las RRSS.

La convergencia sin duda ha complejizado aún más el panorama, porque existen informadores con sus propios valores/noticia (polarizadas al respecto, en la mayoría de los casos en este contexto); "Hoy tenemos que saldar cuentas no sólo con las interpretaciones erradas de los testigos oculares, con el trabajo de los corresponsales, con la mediatización de las agencias, etc., sino también con los efectos ulteriores del newsmaking, de las nuevas tecnologías, de Internet, de los web-sites, que no sólo hablan sobre ciertos hechos y situaciones, sino que contribuyen a la imagen general del mundo, y a delinear el, en parte, nuevo paisaje de experiencias y de valores dentro del cual nos movemos (Bettetini y Fumagalli, 2001:29-30).

La dificultad de distinguir la información de la desinformación, es tan solo un efecto corrosivo ante la creación de una opinión pública con sus versiones (en este caso polarizadas) para el gusto de cada individuo y sus disposiciones subjetivas.

Cuando no existe control de los datos de parte de los usuarios (en el sentido de ejercitar mecanismos de constatación de los hechos), y la falta de una cultura informativa (en contra de los fakenews), e instituciones que garanticen la posibilidad de un abanico mayor para el contraste de datos, el conocimiento colectivo puede tomar cierta forma (intencional o no), respecto de la propia realidad social, como vemos en las calles y en la percepción de quienes son ajenos al contexto donde se suscitan. Esto, al respecto de las luchas geopolíticas de parte de polos opuestos como EEUU y Rusia, a través de empresas de comunicación y la manera en cómo encaran una noticia.

Mayores datos, no significan mejor información, pues algunos autores afirman que la hiperinformación no se traduce en mejor calidad en el conocimiento de la realidad social. Más si no existe predisposición a esta cultura de calidad informacional, comprobada y contrastada, de parte de los ciudadanos.

Por lo mencionado, el público sólo tendrá una idea certera de aproximación a la realidad, en la medida que confronte realidades diversas construidas por la pluralidad de medios para: “contrastar las semejanzas y diferencias de criterios en la selección, valoración y presentación”. (Barroso.García,1992:85)

Para aquello es necesario el fomento y la instauración de medios alternativos (por medio de políticas de comunicación/cultura), respecto de la gran mayoría de los que determinan sus contenidos por criterios económicos y políticos. Devolverle al interés público la comunicación su carácter "social", no es una aspiración, sino un derecho humano avalada, por ejemplo, por la UNESCO o la ONU.

Las empresas de comunicación, al ser parte de las industrias de la cultura, comercializan productos con contenido ideológico y simbólico, que afectan las relaciones sociales, y por tanto los sentidos de sus consumidores. De esta manera es necesario estar advertidos y tomar consciencia respecto de quiénes, qué y para qué razones delegamos a terceros la responsabilidad de informarnos.

No olvidemos que los periodistas e informantes son personas falibles, sujetos a factores externos e internos al momento de intentar retratar la realidad; "Resulta interesante en este punto las contrariedades que pueden advertirse en el proceso de construcción de realidad y los intereses que giran en torno a ello; Aseveraciones que ponen en tela de juicio aquello que definíamos inicialmente como la fábula periodística en torno a conceptos de objetividad y neutralidad" (Godoy, 1993)

Mientras, las pugnas por el poder tienen sus propios efectos en sus relaciones con los medios de la industria de la información. Nosotros estamos en medio de ella.

domingo, 13 de octubre de 2019

ELECCIONES 2019 E INDUSTRIAS DE LA COMUNICACIÓN



Desde el punto de vista de la Economía política de la comunicación notemos una evidente polarización, una, cuya encuesta (realizada por ViaCiencia) expuesta por el periódico "Opinión", en el que aparentemente Evo obtiene 43.2 % por delante de Mesa -sin necesidad de ir a segunda vuelta-, y otra encuesta (realizada por Mercados y Muestras), expuesta por su par "Los Tiempos", en el que contrariamente Mesa iguala a Morales por detrás con 1 %, obteniendo un 45 % en una segunda vuelta.

Más allá de estos datos, y las posiciones atrincheradas de quienes validan una y otra encuesta, es importante analizar una cuestión de fondo; "las instituciones están determinadas económica y políticamente. Estructuran y son estructuradas por esas determinaciones”. (Becerra, 2010) Es decir, se trata - más allá de los focus group, sondeos, entrevistas, etc.- Y las técnicas de recolección de información-, de aquellos elementos que estructuran y validan dichas encuestas y los sentidos que se transmiten a través de los canales mediáticos (punto-masa), en este caso tradicionales.

Como sucedió en Argentina (hace poco) con las elecciones primarias y las empresas encuestadoras, muchas de ellas expuestas ante los resultados que contradijeron sus datos, aquí notemos una semejanza con este método de las "encuestas". Al parecer, algunas de estas empresas -en apariencia- consagran datos en la agenda pública (o por lo menos lo validan o legitiman, por medio de la mediación) -con sus fichas técnicas-, que a su vez es instrumentalizado (agenda setting) por el medio que lo expone.

Esto nos dice, por simple intuición, que la carga simbólica que transmiten estas encuestan intentan determinar la inclinación del voto, a favor o en contra. Lo más serio, y aquello que no suele ser sujeto de análisis, es la cuestión de quiénes (personas con capacidad de decisión sobre las líneas editoriales, accionistas, asociaciones, organizaciones, etc. o cualquier forma de control/poder de estas empresas de comunicación), establecen la difusión de una encuesta u otra, y por tanto la transmisión de ciertos sentidos y las razones que los motivan.

Solo podemos concluir (por sentido común) - sin una exhaustiva investigación fundamentada-, que algunas empresas de comunicación -subrepticiamente-, nos demuestran su inclinación política. Esa inferencia nos lleva a otro plano, el histórico y el ideológico, es decir, que alguno busca "llevarse bien con el posible vencedor de las elecciones" y el otro "sacarlo del camino" (como fue en el pasado desde las implementaciones tecnológicas de los MASS MEDIA y las pugnas por su consolidación y sus mecanismos de expansión).

Lo que no necesita de investigación es recordar simplemente que en la historia de Latinoamérica fueron -en su gran mayoría-, gobiernos "liberalistas" las que más han favorecido a las empresas de comunicación (cuyas estructuras de propiedad, en su mayoría privadas), han fortalecido su alta concentración económica, su eje monotemático ideológico, su expansión y centralismo geográfico, entre otros, por medio de las legislaciones y relaciones de poder, que los sostienen o limitan. (Un ejemplo pequeñito, canal 5 Bolivisión, pertenecía a Ernesto Asbún, fundador y exdueño de Lloyd Aéreo Boliviano, vendió el canal al mexicano Ángel González, propietario del conglomerado mediático Albavisión. Mismo dueño de empresas de comunicación en diversos países de América Latina, sólo nótese sus contenidos para advertir la presencia de Televisa de México).


El peligro del establecimiento de estos monopolios, oligopolios - y sociedad anonimizadas-, es que tejen redes que limitan el espacio público y su acceso, y por tanto los derechos humanos y la libertad de expresión (muy al contrario de lo que suelen defender), ya que los productos informativos se rigen bajo los lineamientos de la economía capitalista, requieren cumplir con sus fines comerciales. Por eso no es raro la importación de formatos en programas, denominados por muchos, como trash, o los talk show, que se adecuan a nuestro contexto.

Aprovecho (intencionalmente) la ocasión para establecer en -otra- agenda, un futuro debate sobre los estudios culturales y los estudios sobre economía neoclásica de las industrias culturales. Como diría en conclusión, en palabras de Santiago Marino (2011); "Los medios de comunicación son instituciones complejas con doble acción y mediación de intereses: políticos y económicos. A partir del tipo de mercancía con la que trabajan —que tiene doble valor, material y simbólico— componen un actor particular y con consecuencias especiales a partir de sus acciones. Intervienen, afectan y constituyen (aunque no determinan, o al menos no se comparte aquí esa idea) el espacio público, que es un espacio político".

En fin, los medios de comunicación juegan un rol importante en la construcción de afinidades políticas en pro de sus intereses comerciales. Alguien dirá, ¿Y las pruebas de la existencia de estos conglomerados locales, regionales e internacionalizados? Solo cuestionemos sobre, la existencia o no, de información pública sobre los propietarios y/o sociedades cuasi-anónimas y anónimas, que rigen sobre control de medios y sus monopolios. ¿Dónde encontramos esta información?

domingo, 29 de septiembre de 2019

MEDIOS, CULTURA Y HEDONISMO




Hace un par de años leí acerca del Hedonismo, una doctrina moral que establecía la satisfacción como fin último del ser humano. Esta corriente doctrinal surgió entre los siglos IV y III a.C. en la antigua Grecia. Su cimiento fue – y aún lo es- la búsqueda del placer, asociado con el bien. 

Lo interesante al adentrarme a la lectura, fue descubrir que existían dos corrientes clásicas. Una, la cirenaica, que afirma que se debe priorizar el placer individual de manera inmediata, ignorando los intereses de los demás y sin preocupación, centrando el placer en el “hoy”, sin pensar en el futuro que es “incierto”, ni sus consecuencias. 

La otra, el epicureísmo, menciona que el placer no debe arriesgarse a la satisfacción “innecesaria”, es decir, el placer inmediato tiene consecuencias en el “futuro”, y por tanto existen placer naturales, necesarios e innecesarios, estos últimos son momentáneos, describen los textos.

Otrora, analizaba estas últimas semanas las publicidades televisivas asociadas con medicamentos. Cuando veía alguna publicidad sobre analgésicos, recordaba esta doctrina cirenaica. 


Me tomé, entonces, la molestia de anotar las narrativas subrepticias que estos contenían al respecto. Intenté observar el comportamiento de la gente, y constataba los efectos de la mediatización de estas ideas –publicitarias- con esta especie de “cultura del placer” que se mediatiza.




En tanto, una de estas publicidades llamó mi atención: Varios clientes entran a una farmacia solicitando un producto en particular (analgésico). Ingresan uno por uno, y le exigen al farmacéutico; “Me está matando el dolor de espalda. ¿Tienes –tal producto-? Ingresa otra; Me parte el dolor de cabeza, ¿Tienes –tal producto-? Ingresa otra; Me duele el final de anatomía, ¿Tienes –tal producto-? Ingresa otra; Me duele la clase de Crossfit, ¿Tienes –tal producto-? Ingresa otra; Me duelen las vacaciones de mis hijos, ¿Tienes –tal producto-? Ingresa la última persona; Me duele mi primer trabajo, ¿Tienes –tal producto-?”.

A parte de las narrativas, las imágenes muestran a la farmacia como si los clientes fueran usuarios que compran productos básicos en el mercado “La pampa” en día “de feria”, y el producto único y solicitado, es este analgésico. ¿Desde cuándo los analgésicos se consumen como masticables?

Volviendo a la realidad, tomé mayor conciencia respecto de que la gente se queja de todo, y la solución mágica “sin consecuencias”, a las que hacía referencia Aristipo de Cirene -discípulo de Sócrates y fundador del hedonismo cirenaico-, ha sido rentable para la industria farmacéutica –y otras-, que propician, voluntaria o involuntariamente, una dependencia hacia el placer “inmediato”, ese hedonismo cirenaico. Sin embargo, Epícuro de Samos, fundador del epicureísmo en el 300 a.C., razonaba sobre las consecuencias futuras y desmedidas a cerca de la búsqueda del placer. 



Sabemos, por suficientes evidencias, que el uso desmedido de medicamentos, sean analgésicos o no, tienen repercusiones y efectos colaterales. Por ejemplo el consumo excesivo de ibuprofeno y paracetamol pueden afectar el aparato digestivo, causando desde gastritis hasta hemorragia digestiva, que puede terminar en cirugía. 

Otros medicamentos pueden ocasionar daños renales y nefritis, en el caso de excesiva ingesta de antinflamatorios. Sin mencionar que los medicamentos psicotrópicos (para las aflicciones emocionales o los dolores no físicos), pueden generar dependencia o daños multiorgánicos, como parte de los efectos colaterales por sobre ingesta. 

Ahora bien, debemos asumir conciencia de que, si bien los medicamentos fueron diseñados para coadyuvar algún tratamiento, una operación, o una sintomatología, es importante (y por recomendación de un especialista), saber cuándo debemos de usarlos.

Por otro lado, este espejismo de “fobia al dolor”, al expandirse en el mundo moderno, puede fácilmente ser constatado, por usted, en las calles, las oficinas, con los amigos o los familiares, al escuchar quejarse de una “macurca” en las piernas por asistir media hora al spinning; o de alguien que se sentó media hora en el bus en el que se trasladaba, y que este, le causó dolor en las nalgas por estar privilegiadamente sentado. 



Pareciera que las incomodidades nimias o efectos superficiales por frío o calor; o a las primeras señales de frustración, tristeza o ansiedad, son resueltas con la ingesta de un fármaco. 

Mientras, hemos perdido la noción de que, otros asumen el trabajo físico en jornadas de más de 12 horas en labores de construcción, o niños en África, que tienen que trasladarse kilómetros a pie (descalzos), todos los días, para conseguir un litro de agua para beber y cocinar.

El consumismo, no solo de productos materiales, sino del consumo de sentidos transmitidos a través de la mediatización de estos productos, proyecta en el consumidor, una suerte de confusión sobre el límite del estado de bienestar con la hedonista. 

En fin, Epícuro recomienda, como en sus tiempos que, “hay que evitar por completo los deseos innaturales e innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero”.

domingo, 30 de junio de 2019

¿LEY DEL ARTISTA O LEY PARA EL ARTISTA?

El dependentismo estatal


Este asunto de la Ley del Artista, en los últimos días, y tras las negativas de sectores de avalar la propuesta emitida por parte del Ministerio de Culturas y Turismo, despertó nuevamente el debate por la Ley de Culturas. De la misma manera, indujo a la manifestación de sectores que no se sienten representados, por aquellos organismos que lograron cohesionar algunos de estos.


Este ambiente de discrepancias, en esta visión ambigua del arte y la cultura, solo coincide en que Bolivia necesita urgentemente una Ley de Culturas, que conjuntamente con otras normativas específicas, permita un cambio de paradigma, y un ordenamiento de la caótica e inerme realidad cultural -en términos de institucionalidad-, además de garantizar ciertas consignas que son elementos en común para casi todos los sectores, visibles e invisibles, para el Estado.


Sin embargo, notamos encendidas reyertas verbales en algunas de sus reuniones, donde –al parecer-, todos quieren algo de la torta subvencional del Estado, o el Estado quiere consolidar su posición recurrente de mecenas. Un camino muy desatinado, según algunos analistas, por la limitación de libertades a cambio de “privilegios”. Además de colocar fronteras a las acciones creativas de los artistas, y sin mencionar el darwinismo sociocultural que ocasionaría. 


Lo cuestionable en este debate por la diversidad de propuestas sectoriales, es que en su mayoría, se tropieza con la zanca del dependentismo estatal y su tutelaje. Una lógica que aún no se supera en los mecanismos de gobernabilidad y ciudadanía. Es una cuestión histórica que se hereda. Nos hacen creer, casi de manera común, que necesitamos vitalmente de un “mesías” personificado o institucionalizado para depender de este. Un tema que se debe debatir desde las ciencias sociales, apropósito de nuestra realidad. Pero, dejémoslo para más adelante.


Crítica al individualismo sectorial


Algunos percibimos que se confunde las necesidades y aspiraciones de las células artísticas (y hasta personales en algunos casos, de forma subrepticia), con aquellas que deberían de procurar el desarrollo de los -otros- involucrados, que no necesariamente forman parte de la práctica artística y cultural, al que pertenecemos cada quien. Me incomoda que - sin haber aprendido de los errores y fracasos de anteriores convocatorias-, hoy, cada quien siga velando por sus intereses sectoriales, muchos de manera caprichosa.


Leo, observo, escucho, casi todo lo que se debate al respecto, y solo llego a la misma conclusión; que cada quien tiene su propia concepción egocéntrica de "cultura y arte", y la quiere imponer al resto. Algunos, lo han visto como escenario para el “oportunismo” y el clientelismo Estatal. Otros, para el sostenimiento de los monopolios de poder en el campo de servicios culturales que se ofrecen al Estado y las empresas. 


Vivimos el debate por esta norma bajo esta conducta clientelar y partidarista de muchos sectores. Algunos, recién intentan organizarse, pero desconocen el procedimiento, además de que otros dependen de terceros para sistematizar sus ideas, necesidades y aspiraciones, asumiendo implícitamente las reglas de los que tienen más experiencia, control y poder.


Es importante dejar en claro que no generalizo esta situación, pero es de conocimiento público - y en algunos, subrepticio-, de que existen diferencias en las ambiciones sectoriales de los artistas organizados y en relativa asociación, sin mencionar el anquilosamiento que sufren áreas que se subalternizan, y otros a los que se los ignora o desplaza. 

Lógicas colonialistas


Ahora bien, el problema no es manifestar la multiplicidad de visiones de los sectores implicados, sino de la imposición de ideas y proyectos al conjunto mayor (vengan estas desde la hegemonía Estado, o de los sectores organizados, hacia el resto de manifestaciones y sectores que ejercitan el arte). Lo que me lleva a pensar en que, efectivamente, sino se define un marco epistemológico más amplio y crítico, de manera consensuada, no solo por los actores culturales – organizados bajo sus propios intereses-, sino también por el académico e institucional, seguiremos pateando aire entre todos los involucrados. 


La crítica a la coyuntura de este debate, insiste en que cualquier tipo de manifestación cultural subalternizada -histórica o políticamente-, y considerada fuera de los canones del arte hegemónico ilustrado, merece ser tomado en cuenta en la dimensión inclusiva de la cultura, que se supone está inscrita en los legajos de la Constitución Política del Estado de Bolivia (CPE). 


Esta otra mirada, denominada por las ciencias sociales como “giro cultural”, debe asimilarse no solo por el Estado, sino también por los propios artistas, incluyendo a los –otros- actores culturales (gestores, promotores, animadores, educadores culturales, etc.) 


Arte y Paternalismo


En concordancia, según vemos los últimos años, los artistas suelen conformarse –en gran medida-, con esta fijación hacia el paternalismo de Estado, y el dependentismo de fondos de fomento, cuando la tarea más importante es que el Estado (y el empresariado privado no se exime del rol), se convierta en promotor/gestor, más que financiador, en propiciador de mecanismos de inclusión, más que de acreditador. Que sea capaz de coadyuvar en las dinámicas culturales; y los artistas -acreditados o no, por el Estado-, desarrollen sus capacidades, para vivir efectivamente de eso, es decir, de su arte, sin el asistencialismo financiero, autónomos de su creatividad y dueños de su respectivo “progreso”.


El actual debate debe encarar, más que las necesidades inmediatas de los sectores, el ambicioso diseño prospectivo que responda el cómo lo construimos entre los vinculados, y no solo entre los que tuvieron capacidad de convocatoria. No puede, ni debe (la Ley de Culturas, o la susodicha Ley del Artista), formularse a puerta cerrada con un segmento de los actores culturales sindicalizados y organizados, negando la existencia de otros miembros del conocimiento y la práctica social.


Crear comunidad, no solo es generar redes de cooperación, sino del cultivo por el reconocimiento de los (otros) que también expresan el arte de modo alterno, y la comprensión conjunta de la complejidad sociocultural. Es generar una especie de cibernética social con perspectiva intercultural.


Por su parte, el Estado debe superar las supraestructuras históricamente construidas, en la manera de hacer gestión pública de la cultura, y cambiar su modelo verticalista dependentista, por un modelo descentralizado del poder y de desarrollo endocultural. 


Las entidades públicas deben ser capaces de institucionalizar su misión, y abolir la consigna politizada que genera retrocesos en cada gestión. Una de las grandes ambiciones que debería mover al inmenso colectivo de actores y protagonistas del arte y la cultura, es que estas -dependientes o no, del Estado-, se institucionalicen. Casos vemos en Perú y Chile, sin ir más lejos. Más claro, no más zapateros de cirujanos. Tomemos conciencia de que los ciudadanos somos co-responsables de que se haya naturalizado esta conducta retrógrada.

El todo es más que la suma de las partes


La idea básica es, no solo garantizar y fomentar el quehacer cultural en Bolivia para los sectores organizados, sino también el de garantizar el libre ejercicio del arte o las culturas -con los mismos derechos y obligaciones-, para quienes se encuentran indiferentes a las reglas impuestas por el Estado, o simplemente internalizan el arte como experiencia lúdica o de ocio.


Llegar a un punto de equilibrio, lleva tiempo, como todo, en un proceso de gestión de la cultura, pues la construcción, cambios de paradigmas y transformación social, no manifiestan su impacto de la noche a la mañana. Requieren primero del diseño de un proyecto cultural estratégico; (Aunque suene redundante, es también un proceso en de-construcción y re-construcción de la práctica social e institucional). Muchos confunden a este diseño como Ley Marco de Culturas, cuando este último debiera ser parte de los resultados del proceso. Por esa razón aludo con énfasis el término “estratégico”.


Con lo mencionado, tampoco afirmo que en este tiempo de lucha -de parte de sectores organizados y afines-, no se hizo nada. Es importante adjudicarlo como un background, que aporte con perspectivas y horizontes, que en respuesta, deberán ser analizados y debatidos con las partes, mucho antes de asumir conquistas y presiones frente al Estado.


Usted puede decir; eso es lógico, pero, ¿Realmente hemos empezado con lo básico, ir al principio, asumir el árbol de problemas y oportunidades entre los actores culturales (dejando de lado la riña doméstica con el Estado)? ¿No habremos supuesto que los sectores manifiestos mediáticamente son en realidad, (solo) la levadura que requiere el resto de ingredientes dispersos, anónimos y segregados? ¿No le conviene al Estado que esta apatía de los no involucrados continúe en el anonimato y el desinterés? ¿No le favorece al Estado “negociar” los beneficios de esta normativa -en simultáneo a las propuestas y exigencias de sectores con una base más racional y democrática-, con algunos de los monopolios más fuertes de servicios artísticos/culturales, a los que se los categoriza así por su poder e influencia? ¿No será que algunos sindicalismos les hacen más daño a los mismos artistas, que las acciones manifiestas por el Estado y sus propuestas? En fin, ¿Nos hemos autoevaluado? ¿Hemos percibido la compleja y ampulosa dispersión y secesión en la que los actores del arte – e involucrados- se encuentran?


Se dice que la “holística” se refiere a la forma de ver las cosas en su totalidad, en su conjunto, en su complejidad, pues de esta forma se pueden apreciar interacciones, particularidades y procesos que por lo regular no se perciben, si se estudian los aspectos que conforman el todo, por separado. De ahí que viene la frase célebre de Aristóteles con “El todo es más que la suma de las partes”. Esta mirada holística es de suma importancia para la construcción de un proyecto cultural tan grande, y de manera particular, en beneficio de los artistas.


Una alternativa de desarrollo cultural


A sí mismo, debemos de tomar consciencia respecto de ampliar -holísticamente-, la dimensión ilustrada de cultura, es decir, mirar más allá de las bellas artes y del patrimonio cultural clásico. En referencia, no está demás mencionar que se requiere vislumbrar la multidimensionalidad cultural del Desarrollo -desde el Estado y la sociedad-. Esto significa, desde las ideas de Amartya Sen, Nobel de Economía 1998, asimilar el desarrollo endógeno de los protagonistas del arte y la cultura. Es pues, en todo caso, también una cuestión cultural. Requiere en conclusión, de un cambio en la perspectiva que tenemos de la cultura.


Esto implicará, tarde o temprano – por ejemplo-, en fortalecer la economía política de la cultura -por una parte-, y por otra, cambiar el paradigma asistencialista, por un modelo de administración cultural basado en la gestión y la autodeterminación social y cultural, que son consecuencia de esta ambiciosa “Ley de Culturas”, plasmadas a posteriori en políticas de la cultura y de las artes. 


Pero, exponer el uso del término “políticas” culturales, no es a raíz de la terminología trillada que está de moda en el medio, sino que son una relación intrínseca e indisoluble. 


Adelanto que esta visión relacional se adentra en la comprensión del todo social o la totalidad de las relaciones sociales, que propician las áreas económica, política, social y cultural de la vida. Esto significa que la economía neoclásica está determinada, filosófica e históricamente, a partir de las relaciones sociales, en particular las relaciones de poder, determinantes en la cadena del “negocio” y la mercantilización de bienes. Y en consecuencia, en la comprensión de los procesos de producción, distribución y consumo de bienes culturales. 


Una de las esferas de esta visión, relacionada con esta cadena de bienes culturales, estará cristalizada a través del paradigma de las industrias culturales. Esto deberá empujar a las instituciones académicas y estatales a fortalecer los estudios culturales, y por tanto, propiciar la investigación en el área cultural (implícito el arte), y dialógicamente, la investigación de la economía política de la cultura, puesto que ambas, en el contexto boliviano, están muy rezagadas. La ulterior tarea es reducir las desigualdades e inequidades sociales, pues son aspiraciones dentro de las ciencias sociales, en particular de la economía política y la antropología.


Pero, antes de que alguien ya intente rasgarse las vestiduras, adelanto que dicha apertura hacia la economía de la cultura, deberá concertar inexcusablemente bases para evitar la no mercantilización de la realidad cultural que no apela al comercio. La cultura, nos advierten algunos expertos, no puede reducirse a una función subsidiaria para el crecimiento económico. 


Será ineludible fundar un equilibrio que no reduzca la cultura en una herramienta funcional, puesto que es una matriz social y fin en sí misma. Aunque, es innegable que existen experiencias y conocimiento en el mundo, sobre el desarrollo económico que genera la cultura per sé.


Ley para el artista


No está demás retomar algunas sugerencias. Sin profundizar en el asunto, despolitizar - en términos de partidarismo-, los objetivos de toda propuesta de “Ley de Culturas”, con una visión más inclusiva y menos parcializada. Sectores reacios a muchas organizaciones de artistas, tildan que los planteamientos presentados por estos, reducen la proposición de esta Ley de Culturas a una Ley de los artistas. Habría que reconsiderar estas críticas de profesionales e instituciones involucradas, quienes poseen otras perspectivas sobre la cultura y el arte.


Otras; prever los efectos a mediano y largo plazo (no solo los inmediatos) cuando la normativa, se promulgue y ejecute; Por otro lado, insistir y motivar a los sectores no organizados, invisibilizados y hasta apáticos con la intervención del Estado; Convocar a otras áreas conexas con el quehacer cultural; y asumir un eje interdisciplinario, que incorpore otras dimensiones del ejercicio cultural, para evitar conflictos latentes, vacíos en las norma y a posteriori contradicciones en la reglamentación. Pero la más importante de todas, garantizar el libre consumo, distribución y producción de los ciudadanos respecto del arte y la cultura, en concordancia con los que pretendan institucionalizarlo a partir de una normativa a favor de todos.


Sería interesante pensar también en la profesionalización de las artes y la cultura, en el establecimiento de los centros y espacios de formación técnica o superior, o de la homologación por competencias para su establecimiento. Aclaro que, teniendo la precaución de no omitir el reconocimiento, el fomento a la creatividad y a la libre práctica ciudadana. Y por coherencia, devolver -a las artesanías, expresiones artísticas populares o cualquier forma de subalternidad cultural-, la posición horizontal que le abrogó la herencia de la ilustración europea. Sobre todo, ahora que estamos en tiempos de pluralidad y multiculturalidad. 


En consecuencia, no deseo incomodar al sector artístico, pero es necesario reflexionar sobre los intereses particulares y colectivos que cada uno de los sectores intenta visibilizar, para que este sea –por conciliación y participación social e institucional-, tomado en cuenta en la dichosa ley. Esta suerte de "llanto de bebé" al que se nos ha acostumbrado a los artistas y gestores culturales, puede convertirse en dos cosas, o en un espacio de oportunidad, o en uno, de permanente conflicto entre nosotros, sin mencionar el que se tiene eternamente con el Estado. 


En fin, si no nos ponemos de acuerdo en contribuir y construir una Ley para el Artista, y no solo del Artista, seguiremos viendo disputas de mercado, una batalla de doxas escuetas, o debates banales y redundantes -al que el Estado hace oídos sordos-, que se asemejan a las controversias de muchos políticos de turno, de cara a las elecciones de este año.

sábado, 1 de septiembre de 2018

¿Plataforma de la "DEFENSA" cultural de Bolivia?


Hace algunas horas de haberse lanzado la "Plataforma de defensa cultural de Bolivia", me llamó la atención uno de los comentarios de la Ministra de Culturas de Bolivia, Wilma Alanoca: “Lo primero es la consolidación y patrimonio de Bolivia y evitar que -algún otro país se lo apropie-..." !Miércoles¡ lo "primero" en las aspiraciones de la mayor entidad de cultura del país es echarle candado al legado cultural de propios y extraños. Me explico enseguida.


Quisiera preguntarle a la "experta" de culturas, Wilma Alanoca, ¿Patrimonio es un "Bien privado", o es un "Bien común"? Vayamos por partes. 

Este primer cuestionamiento coloca en evidencia la contradicción con los fines de una plataforma que más bien debiera de promover y difundir la personalidad de las culturas bolivianas y dejar de lado las aspiraciones de la herencia colonialista por la que se deja regir.

Las primeras y superficiales aclaraciones mías develan que es necesario descolonizar nuestros criterios de autoridad antes de intentar hacer algo por las manifestaciones culturales dentro y fuera de este territorio llamado Bolivia. Y es pues de entrada que el “nacionalismo” (de herencia colonialista y todo el significado histórico que representa), es una oposición a la diversidad cultural, que no es otra cosa el reconocimiento de la “plurinacionalidad”, y es con este enfoque “nacionalista” con el que pretendemos contradictoriamente “defender” la diversidad cultural. ¿Me dejo entender?

"Protegerla" no es pues prohibirla, sino evitar que las futuras generaciones no la abandonen, "defensa" no es emular la imposición de fronteras y barreras como las que nos impusieron la colonia con los imaginarios de los Estados-nación, modelo que intentó fraccionar las identidades culturales para luego declarar a cada pieza cercenada como exclusiva del territorio impuesto. Y peor aún, entender esta complejidad y síntesis cultural en la actualidad con una mentalidad digna de la colonia, negando las dinámicas etnohistóricas y antropológicas.

"Defensa", es promoverla, es cultivarla, es recrearla, es dejarla libre para que se exprese con libertad, valga la redundancia. Enjaular las expresiones culturales inmateriales es pues una triste contradicción cuando muchas de las que tenemos tuvieron influencia externa. Un buen ejemplo son los “dragones”, símbolos que forman parte de la famosa “diablada” boliviana. Invito a investigar sobre el origen de esta figura que forma parte de la indumentaria de la diablada boliviana para que tomemos consciencia de que no existen culturas puras, y que casi todo, en todo tiempo, ha sido producto de una síntesis de influencias culturales locales y/o foráneas. Si no fuera así, los españoles deberían de reclamarnos en la actualidad el legado y la influencia en nuestras danzas y folklore. Si hacemos caso a esta lógica habría que decirles a los jóvenes coetáneos bolivianos que dejen los otakus, los cosplay, o el k-pop porque estaríamos “copiando la cultura y el patrimonio”, según palabras de Wilma Alanoca. ¿Podremos prohibir a la cultura ser apropiada por propios y extraños?


Apropósito, Ecuador tiene su propia “diablada” denominada Diablada Pillareña, sin mencionar otras representaciones folklóricas que tienen como elemento central al diablo. ¿Esto significa que Ecuador le hurtó o copió su cultura a Bolivia?, pues no. Es simplemente expresiones culturales que fueron cobrando su propia identidad al paso del tiempo. Escuché decir que la “cueca” es patrimonio de los bolivianos, pero es fácil desmentir tal cosa con solo navegar en internet y buscar esta síncresis cultural que también se encuentra desde hace mucho en Chile o Argentina, sin mencionar otros más, algunos con otro nombre y otras con sus propias particularidades.

Por otro lado, "Salvaguarda", no es colocar tus preciadas representaciones en un baúl de la estatización y encajonarla entre los ojos vigilantes de quienes regulan su reproducción. "Salvaguarda" es preservar, y según la UNESCO, es garantizar las medidas necesarias para que las futuras generaciones disfruten del legado del pasado y del presente. No entiendo el afán de preocupamos más de la supuesta "defensa" ante los vecinos, que de nuestra propia dejadez interna donde la cultura y el patrimonio siguen siendo un mero decorativo y ornamento.

En fin, es lastimosa y paupérrima la concepción de la cultura y  el patrimonio de quiénes ejercen el "poder", ¿No hay en su entorno alguien que les advierta sobre estas contradicciones al intentar privatizar lo imposible? Bueno, lo único que me calma es que ni con mil plataformas podrán frenar a las culturas, ni aldabarlos, ni ponerle límites, ni candados.

De esta manera, la cultura tiene una territorialidad que supera estas delimitaciones imaginarias traídas por occidente con la adopción del “ecumenismo” (palabra que deriva del griego oikoumene cuyo significado es “tierra habitada”). La posesión y usurpación de tierras fue justificado por este paradigma, del que luego siglos después nacerían los Estados nacionalistas en América. Sin embargo en la actualidad aún existe resistencia a esta manera colonial de ver las cosas, es la resistencia hacia el individualismo en contraposición a lo colectivo, es decir el bien privado Vs. El bien común.  Por eso no es extraño ver a los Maroyu en Perú, o al “Cholo Juanito” en Bolivia, en cuyos espacios es tan natural para sus públicos el zapateo, los chistes, y el colorido de sus expresiones, es más, no parece existir una frontera que las limite a la interpretación común. Las expresiones de la herencia  aymara es una muestra de que esta territorialidad ha superado el continente gracias a la incorporación de las TIC en la producción cultural. El mundo en la actualidad está hiperconectado, y este es tan solo un ejemplo de cómo la cultura no puede ser un bien privado en custodia de una institución que pretende regularla.


¿Queremos ser reconocidos frente al mundo por su diversidad cultural? Para eso se construye #IDENTIDAD, no "bienes privatizados ni privatizables" y menos de “propiedad intelectual” en cuestiones inmateriales de la cultura, muchas de estas que son legado de la humanidad (no tan solo de los bolivianos) nacieron porque son intrínsecas al ser humano, no nacieron como los bienes y servicios del comercio cultural con un afán de rédito particular, primera reflexión. Si me equivoco, entonces reto a que seamos los primeros en devolverles la tucumana o la salteña recientemente declarada "patrimonio” que se disputan un par de departamentos bolivianos, (como dice Wilma Alanoca) respetando su #ORIGEN. ¿No se enteró que estas exquisiteces nacieron en Argentina?

Los usuarios que leen esta opinión dirán, ¿Es que acaso Danny no eres boliviano para “defender tu cultura”? Y yo les contesto, sin ahondar en un análisis muy detallado lo siguiente. Bolivia no es pues el centro del universo ni el centro de atención de este planeta, recordemos solo nuestro pasado histórico para comprobar que la influencia española abarcó casi todo el continente Americano, excepto por las que fueron influenciadas por Portugal e Inglaterra. Entonces no podemos alegremente creer que nuestra riqueza cultural fue el resultado unívoco de un fenómeno exclusivo para los bolivianos, es más, antes no existía Bolivia como territorio ya que los territorios antes de la colonia eran otros, la territorialidad era otra. Por eso es fácil de notar las semejanzas con otras expresiones culturales como las andinas o las aymaras que van más allá de los límites que definen nuestros países, sin mencionar a otras y los procesos de su evolución.

Lo que pasa es que las expresiones sincréticas resultantes de la colonización y la herencia nativa fueron especializándose, por eso no es extraño ver parecidos (que se suelen confundir como “copias” cuando actuamos de una manera etnocentrista). Por otra parte, es muy probable que algunas de nuestras danzas hayan tenido origen en este territorio llamado hoy Bolivia, pero eso no significa que este solo haya abarcado solo el territorio delimitado por la noción eurocéntrica.  Es pues de manera superflua que durante ese origen haya sucedido lo que sucede con la moda, producto de las migraciones culturales y la simbiosis cultural que influencia, a la vez que es influenciada.

En fin, el ser humano por naturaleza crea, y recrea. Bajo estas lógicas estatales les estaríamos diciendo a los jóvenes bolivianos, sobre todo a sus hijos y nietos que ahora son norteamericanos en EEUU, que no sigan promoviendo el “Salay” porque es patrimonio de los “bolivianos”, y los norteamericanos no podrían apropiárselas (es decir, hacer de ella un patrimonio cultural) porque nuestra colonialidad nos dice que no les pertenece (aunque sean descendientes de bolivianos), ¿Entonces para qué se promueven? Dirán, pero si las usan que reconozcan su origen, entonces seamos los primeros en reconocer que no nos pertenece todo aquello que influyó en lo que somos, y que no es nativo. Es absurdo, lo sé, pero es el mejor razonamiento lógico para intentar tomar consciencia de lo imposible que es pretender auto-atribuirse una “propiedad intelectual” de algo que es en suma una propiciación colectiva, no solo en su origen, sino en su re-producción.


Este pequeño análisis no pretende desvalorizar las culturas bolivianas, sino de elevar el espíritu crítico y visibilizar ese espejismo mental que nos hace creer que nuestra cultura es única y que las del resto son simple imitación, a ese espejismo mental se le llama colonialidad. El patrimonio no es la imposición oficializada con una nomenclatura, pues no sería más que eso, nominal. En cambio patrimonio cultural según los estudiosos, es la apropiación colectiva de alguna representación simbólica al que se le atribuye pertenencia, y esta por supuesto, no tiene límites.

Culmino con esta reflexión copiando la cita de la postura de la UNESCO al respecto: “La Convención se centra en salvaguardar el patrimonio cultural e inmaterial y no en proteger legalmente manifestaciones concretas a través de derechos de propiedad intelectual, que a nivel internacional recae principalmente en el campo de la competencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Sin embargo la Convención señala, en su artículo 3, que sus disposiciones no pueden ser interpretadas para que afecten los derechos y obligaciones de los Estados Partes derivando de cualquier instrumento internacional relacionado a los derechos de propiedad intelectual. La aplicación de los derechos de propiedad intelectual con el marco legislativo actual no es satisfactoria cuando se trata de patrimonio cultural intangible. Principales dificultades están relacionadas con su evolución y la naturaleza compartida, así como al hecho de que a menudo es propiedad colectiva”. ​

jueves, 10 de mayo de 2018

A CALZÓN QUITADO. DÍA DEL PERIODISTA



A sabiendas de que el 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandara a ejecutar al periodista Cirilo Barragán por criticar, desde sus páginas, a su “régimen”. O que tras este hecho el 10 de mayo de 1938, Germán Busch decretara el Día del Periodista”. El hecho en concreto estableció el primer paso para el reconocimiento de esta actividad como una profesión, además de validar el derecho a la jubilación dentro aquel contexto histórico. Se consideró además que el ejercicio periodístico es un impulso a la cultura del “progreso colectivo”.

Tras este preámbulo, el contexto actual tiene sus propios matices, sus pequeños logros junto a sus grandes desventuras. De aquello ahondaré un poco, tratando de hacer una crítica al sistema que rige y define al ejercicio periodístico, sin que esto signifique menospreciar el oficio.

Objetividad y Subjetividad. La influencia del Poder.


En la universidad, muchos de nosotros aprendimos la diferencia entre estos dos conceptos, muchos en virtud de lo “correcto” asumimos la objetividad como parte de nuestra ética y nuestra praxis en el ejercicio de la profesión. Al salir de la universidad y habernos encontrado con la realidad pudimos darnos cuenta (muchos) de que la “objetividad” no existe, no porque no pueda o deba de existir, sino porque el entorno laboral te demuestra que vale más una publicidad que costee tu salario (dicen) o los ingresos del medio (porque supuestamente hay muchas cosas que pagar), que lo que se busca es una consciencia adormecida e  instrumento de obediencia, y no alguien que pueda ejercer su profesión con los valores éticos y de responsabilidad (personal) que se supone deberían de aportar al “progreso colectivo”. El límite de esta ética está definida por la ideología del medio, quién muchas veces, no es ética con ella misma. ¿En qué te basas para afirmar este argumento?, preguntarán algunos. Me baso en la experiencia personal de cada periodista que eh conocido y conozco.

Es obvio que no se puede tapar el sol con un dedo, por eso prefiero ser honesto. Hasta esta parte no hay secretos, pero las particularidades de este fenómeno siguen invisibles porque el sistema sostiene esta lógica instrumentalizadora del periodismo. ¿Por qué el periodismo (o mejor dicho los periodistas y la sociedad en su conjunto) siguen cómodos sin el cuestionamiento de este sistema de poder tan naturalizado? La pregunta la dejo para quiénes se dieron el tiempo de leer este texto.

En este sentido, y tratando de describir el cotidiano de muchos periodistas, el direccionamiento de la información y la negación de las subjetividades (con una intencionalidad de parte del medio o de alguien) nos dice que la mejor ilustración es la siguiente; Si no son los jefes de prensa, son los editores, si no son los empresarios son los accionistas del medio, y si finalmente no es ninguno de estos, llegará la hora de que un amigo, un familiar o alguien con “poder”, definan la agenda noticiosa, o lo que no debe ser sujeto de ser noticiable.

Hay “noticias” que son rentables, unas más que otras, y la moda actual presupone que es más importante la “primicia” que la calidad informativa. Se instalan verdades a medias, y falacias informativas que luego son desmentidas, pero sin que nadie se retracte (como medio) públicamente. Bueno, de este tipo existen muchas otras observaciones, pero no ahondaré en estos hechos.

Por si acaso no TODOS los que asumen estos roles son corruptibles, lo aclaro por si alguien cuestiona mi posición, pero díganme, ¿Quién no se ha topado con esta realidad en su vida laboral en algún momento de su ejercicio laboral?

Desprofesionalización del periodismo


Vemos el creciente número de profesionales y egresados que se dedican y que quieren ejercer a la labor periodística. Un mercado saturado de potenciales soldados del manejo informativo donde los medios y espacios para ejercerlo son pocos o son espacios para quién mejor ejercite sus relaciones de poder para obtenerlo. Y no es que los “mejores” periodistas estén en medios de mayor “prestigio”, sino son excepciones los que han logrado alcanzarlo por sus propios méritos. El resto, ustedes lo pueden corroborar, deberá seguir deambulando por medios “pequeños” o alternar otro tipo de formato en otro medio de comunicación. Esto supone que existen excelentes periodistas, invisibilizados y mal remunerados en medios des-conocidos por la categoría oficial.

Mientras tanto, la mayoría de los medios de comunicación seguirá buscando personal “barato” y dará igual si estos estudiaron la profesión o simplemente saben agarrar una cámara, editar un vídeo o un audio, sostener un micrófono, o aparecer en la pantalla.

Está por demás decir que la desprofesionalización del periodismo, así como el de la comunicación ha llegado hace mucho a posicionarse como una moda evidente, donde el abogado, el ingeniero, la modelo, el pariente o el amigo del dueño del medio, se apodera de un curul que no le corresponde.

Se critica a las instancias estatales de asignar roles laborales a personas que no tienen la competencia y sin embargo los medios que suelen denunciarlos tienen como parte de su equipo de prensa a alguien que no estudió para el cargo o el oficio. Claro, no es una regla, pero vuelvo a preguntar, ¿Quién no ha conocido a alguien que no tiene la formación profesional y está asumiendo el cargo solo porque tiene ciertas habilidades técnicas, de elocución o ninguna? Pregunto, ¿Qué tal si extrapolamos la frase “zapatero a tus zapatos” en las empresas de comunicación, y no solo la exigimos en otras instancias de servicio profesional?

Valga también aclarar que no estoy tratando de decir que todos los empíricos hacen mal su trabajo (hay gente muy profesional entre ellos, pero son contados), sino que con esta permisibilidad solo se sostiene la desprofesionalización de esta labor, que requiere un background epistemológico como parte de la formación dentro de las ciencias sociales. No se trata de un hobby, una actividad de recreación o de una práctica turística.

Lamentablemente para muchos, sigue siendo una actividad intuitiva en el que te logras ahorrar 5 años de estudio con unos “cursos” (como alguna vez escuché justificar el hecho de colocar a una abogada de periodista, pero claro, la supuesta periodista tenía muchas “cualidades” que mostrar en la pantalla, y tal justificativo era suficiente para la empresa de comunicación), la mediocridad sin duda es muy grande.

Por otra parte, esta desprofesionalización solo promueve que el periodismo se convierta sutilmente en una actividad empírica y no profesionalizada. Obvio, al ver el mercado de interesados por un espacio laboral, muchos se prestan a “venderse” por unos cuantos pesos y ser sometidos a trabajos extras y sin horarios definidos.

Vuelvo a recalcar, no es que el periodismo tenga horarios definidos, por supuesto que no, lo que trato de decir es que la remuneración ni si quiera es acorde a las 8 horas laborales, y peor, las horas extras (te dicen) es parte del trabajo, por lo que aspirar una mejor remuneración es de “locos”. Claro, como existe tanto personal a disposición en las calles esperando a ganarse unas migajas del pan, si alguien viene con su “locura” de ser correctamente remunerado, es fácil de ser suplantado.

Conozco a muchos colegas y amigos que ejercen este oficio tan sacrificado y se les paga en muchos casos menos del salario mínimo nacional. Muchos han llegado a la frustración al ver que invirtieron años de estudio y de dinero para que se les pague una miseria gracias a esta lógica de permisibilidad de los medios de comunicación, en la selección de su personal. El que es periodista sabe que hay gente que tiene “muñeca” (bueno o mal profesional) la cosa es que tiene muñeca y consigue fácilmente una posición, que con los méritos (en la gran mayoría de los casos), no son suficientes para alcanzarlo.

Los medios, bajo esta lógica, no quieren profesionales pensantes, quieren piezas y herramientas que cumplan con objetivos concretos, lo que significa que el periodista tiene límites con su objetividad, y por tanto la deontología es una utopía paradigmática de la que se vive cuando se puede. Te dicen, “Acá el que define no eres tú, el que define soy yo”, lo que implícitamente significa, “Si quieres seguir trabajando haces lo que te diga”. Otras veces se dice, “tienes que modificar esto”, por razones que a veces no comprendes, y no suelen ser cuestiones de forma, sino de fondo. Te dirán, “pero tú no estás para cuestionar, sino para obedecer”, aunque sea antiético hacerlo, y como no estás en situación como para perder el trabajo, pues solo te queda obedecer. Tu rol no es cuestionar el sistema, tu rol es re-producir la obediencia sistemática. Obviamente esto no siempre pasa, pero sucede. Consulto, ¿Quién no se ha topado con este tipo de argumentos que limitan la ética periodística?


Darwinismo social en el periodismo


Esta es la parte jocosa de esta crítica al sistema actual que rige el ejercicio periodístico.

Quién ha iniciado de cero su vida profesional dentro el periodismo reconocerá esta descripción. El periodista que ingresa como practicante o que tuvo la oportunidad de empezar a ser remunerado por su trabajo en un medio “pequeño”, habrá notado que existen algunas roscas de periodistas en una especie de sector elitista, que transmite su complejo de “superioridad” al ingresar (ilustrando un poco), como si se tratara del ingreso (con patada voladora) de los “Héroes de Marvel”, quienes vienen a salvar el mundo como los privilegiados, selectos e iluminados para realizar las preguntas “clave” que definirán luego la agenda setting en todo los medios de comunicación. Ojo, es sarcasmo.

Algunas veces los periodistas de “élite” (con consciencia o sin ella) caminan de manera prepotente frente a sus subalternos a quiénes se les expresa su fijación fálica de poder al manipular un micrófono o cualquier representación  del medio “poderoso” de comunicación al que representan. Un interesante fenómeno cultural que habría que investigar.

Lo propio sucede con un simpático fenómeno que a veces me ha causado risa. Practicantes de medios de comunicación “grandes”, que tras un mes de prácticas, se les traspasa la fijación fálica del micrófono, tan solo por funcionar como pedestales para los periodistas “oficiales” de dichos medios a los que siguen como cachorros de compañía.

Otro ejemplo curioso se manifiesta, cuando en reiteradas ocasiones observé periodistas de Redes nacionales apersonarse a realizar la entrevista. Tras la pregunta formulada al entrevistado y mientras este responde, la mayoría mujeres, se ponen a masticar el chicle como si se tratara (sin exagerar) de la rumia de los equinos mientras su atención está por otros lados menos en el entrevistado. Tal conducta, lo eh observado, es replicada por las practicantes del mismo medio. La rumia se vuelve a reproducir, como una manifestación simbólica de expresividad del poder fálico re-presentado en el micrófono. No sé si es una moda o qué es lo que sucede, pero lo cierto es que ese comportamiento “elitista” de “te hablo y te miro, si eres de un medio grande y si no, no”.

Finalmente, esta subalternización llega hacia los propios periodistas de partes de instancias públicas o privadas. Si círculos de poder político o privado buscan “cobertura” de una noticia, esta puede ser persuadida a través de un festival de salteñas, o de cualquier suculento entremés que sacie el estómago del sacrificado periodista. Claro, vale una salteña, un relleno o un refrigerio, la simpatía del periodista. Este suele ser el valor que se le asigna al trabajo periodístico, mientras el discurso de las políticas públicas a favor de los periodistas y la mejora de sus condiciones de vida, sigue siendo un mito que se saluda cada 10 de mayo.

En fin, mis felicitaciones a todos los periodistas que hoy en día siguen siendo objeto de agresiones de parte de sectores políticos y sociales insatisfechos, quiénes descargan su frustración en los que ya de por sí son mal pagados en su vida laboral. Y pagados, hago referencia no solo a la remuneración económica, sino al trato personal, pues, se trata del sacrificio de no estar con la familia a cambio de ganarse unos cuantos pesos, por lo menos para seguir subsistiendo. Mis felicidades a quiénes, a pesar de los mal tratos dentro y fuera del medio, siguen apasionados por el ejercicio periodístico.



jueves, 12 de octubre de 2017

12 de Octubre de 1492. Postcolonialidad y la Doble negación


Independientemente de quién lo diga, si el presidente del Estado Plurinacional o un vecino del barrio, efectivamente esta fecha no debería (como lo hizo el presidente norteamericano, Donald Trump en días pasados) HOMENAJEAR la barbarie cometida por los europeos en tierras colonizadas. No hacerlo sería una anomalía mental por ignorancia. Es verdad que no podemos negar nuestro pasado sincrético y la influencia de los valores occidentales en nuestra cultura. Pero negar este pasado no tiene nada que ver con asumir el paradigma DESCOLONIZAR (el discurso político es una aberración de ella). Es importante entender de que si bien no debería de existir homenaje a Cristobal Colón, Pizarro, Almagro, Francisco Toledo, Barba de Padilla o Gerónimo Osorio, en el caso Cochabambino, (más que el reconocimiento de un pasado que nos hizo lo que somos [bueno o malo, no somos jueces]), podemos aprender de su herencia histórica.

DECOLONIZAR (término más apropiado desde las ideas de Walter Mignolo) es asumir nuestra propia IDENTIDAD, desde nuestros valores, nuestro pensamiento, nuestra cosmovisión diversa en una sociedad múltiple como la boliviana, nuestra creatividad desde los distintos campos de la expresión artística, desde los diversos estratos sociales, económicos, políticos o culturales, desde la multidimensionalidad de religiosidades, o la pluralidad de lo que se preserva y lo que se transforma.
Seguir asumiendo que España nos trajo "civilización" es tan retrógrado como aplaudir la supuesta "humanización" de los indígenas locales en América Latina o la negación de sus culturas y sus credos. Si bien no se puede negar el pasado europeo, será importante aprender de ella para no cometer los mismos ERRORES, y asumir una IDENTIDAD múltiple y heterogénea de lo que queremos y lo que somos.

Tampoco podemos dar continuidad a la infravaloración de la herencia local prehispánica, al que se nos acostumbró a tratarla como arcaica, inferior, o incivilizada. Este espejismo de pseudo-superioridad de la época colonial es la herencia que debemos de superar.

Existe por tanto una doble negación, una construcción simbólica que ha sido naturalizada para rechazar y generar repulsión hacia lo que es diferente a nosotros. Que el blanco es el “limpio” y lo negro lo “sucio”, que mi credo es de Dios y la del otro es del “diablo”, que yo soy mejor por ser citadino y el otro no lo puede ser por ser del campo. Una negación es la que se ejerce históricamente contra lo indígena y lo popular. Y la otra, que no deja de ser negación, es la que nos empuja a una construcción simbólica imaginaria como respuesta a la primera, es decir una negación de lo español y lo europeo. Debemos por tanto ser críticos, caer en esta doble negación es simplemente asumir una esquina de un cuadrilátero que no existe, para enfrentarnos a alguien a quién vemos en el espejo. Eso es negar que el boliviano o boliviana sean dimensiones de un mismo producto/resultado histórico. Esta dialéctica y la consciencia de ella nos debiera de alejar de tomar posturas maniqueas que solo dan continuidad a un Estado que aún no reconoce su diversidad.

En este sentido, cada 12 de octubre debe instaurarse una actitud constante de todo el año, no de negación, sino de asumir nuestro presente en prospectiva de un futuro que nos haga ÚNICOS, y a la vez, diversos como bolivianos en este mundo de complejidad y dinámica cultural.

Este 12 de octubre debemos reflexionar y ser maduros si queremos que nuestros hijos dejen de cometer los mismos y pueriles errores. Tenemos que sumir consciencia de que podemos vivir y co-existir entre diferentes, aprendiendo unos de otros (sin culturas superiores o inferiores, sino diferentes y a la vez similares). ¿Quién dijo que debemos de homogeneizarnos? ¿Dónde está la ley física que nos obliga a pensar en un Estado-Nación, capaz de negar aquello que no considera dentro sus espacios y que es capaz de oficializar lo ilegítimo bajo la invisibilización y subsumición de las diferencias?

Una actitud diferente será asumir la identidad boliviana de manera abierta y compleja, llegar a comunicarnos con el otro, y no negarlo/rechazarlo a priori como usualmente estamos acostumbrados. Si seguimos con estas actitudes del pasado (negando al otro y cualificándolo como inferior desde nuestros valores, sin entender los suyos), efectivamente no hemos aprendido nada.

Lograr un Estado Plurinacional, no es un logro de un partido político a favor de un conjunto concreto de la sociedad, sino un avance político a favor de la inclusión y el reconocimiento de la diversidad cultural de la que tanto nos jactamos. La UNESCO o la ONU arguyen el gran avance en la consolidación de un Estado Plurinacional, pero aunque existe una norma, aún hace falta políticas públicas y culturales que promuevan la interculturalidad y la comunicación de la diversidad cultural, para de esta manera, superar la lógica occidental de los Estado-Nación que no tiene nada que ver con fragmentar un país como en el caso de Cataluña, por dar un ejemplo.


Reitero, si seguimos polarizando y fragmentando nuestras territorialidades e identidades con discursos trillados y mezquinos como lo hacen muchos políticos, o asumiendo una identidad falsamente superior a la condición de otros que piensan diferente y sienten la cultura diferente, entonces estos más de 500 años no hemos aprendido nada.